miércoles, 27 de agosto de 2014

UN BORRADOR

Hola a todos.
Sigo subiendo borradores a mis distintos blogs.
El borrador de hoy pertenece a una historia corta que tengo sin terminar.
Cuenta la historia de una joven cuya vida cambia cuando su mejor amiga ingresa en prisión tras asesinar de manera brutal a su prometido en un ataque de celos.
Tanto el título como el año en el que transcurren este relato son provisionales.
Acepto toda clase de sugerencias. Y os agradezco de corazón vuestra opinión.

UNA JOVEN LLAMADA TIFFANY

SIDNEY, AUSTRALIA, 1912

                                       Tiffany odiaba hacer visitas a la cárcel. Pero todas las semanas acudía a visitar la prisión de la ciudad. Su mejor amiga estaba presa en ella desde hacía tres meses. Megan era una buena chica, pero era, en opinión de Tiffany, una estúpida.
                          Lo que hizo fue una estupidez. 
                          No fue sólo una estupidez.
                          Fue una locura. Megan siempre había sido muy impulsiva. 
                          Actuó cegada por el dolor y por los celos. No pensó en lo que estaba haciendo. 
                          Hasta que fue demasiado tarde. No podía dar marcha atrás. 
            Con su cabello de color rojizo brillante, Megan podía haber tenido a sus pies rendidos a todos los hombres de Sidney. Antes, Megan solía ir peinada a la moda y su cabello siempre permanecía brillante. Desde que ingresó en la cárcel, Megan había descuidado su pelo y se lo recogía en una simple coleta.
            Al menos, solía decir Megan, no la habían condenado a muerte. Podría vivir, pero nunca más vería la luz del Sol.
            Cuando Tiffany se encontraba con Megan en el locutorio, Megan se abrazaba con fuerza a su amiga. La joven pelirroja tenía los ojos del color azul medianoche. Eran unos ojos muy bonitos, pero su expresión, antaño alegre y pícara, se había tornado… vacía…Como si nada le importase…Quizás fuera cierto…Quizás nada le importaba…La vida de Megan había cambiado dramáticamente desde que ingresó en la cárcel…
-¡Me alegro mucho de verte!-le dijo Megan a Tiffany en cuanto se separaron-A veces, tengo miedo de que te canses…Y que no vengas más a verme…
-¡Meg!-se escandalizó Tiffany-¿Cómo puedes hablar así?
-Porque he sido condenada a cadena perpétua. Nunca más podré salir a la calle.
-¡No digas eso! ¡Puedes apelar la sentencia!
-Es inútil. Mi abogado no me lo aconseja.
            Tiffany no le dijo a Megan que sospechaba que su abogado, al igual que todos los hombres de Sidney, había quedado rendido ante sus numerosos encantos, pero jamás intentaría nada con ella porque amaba su profesión y no quería quedar inhabilitado si iniciaba un romance con una cliente.
-¿Y por qué tu abogado no te aconseja que hagas una apelación?-quiso saber Tiffany.
-Dice que es un proceso largo…que puede ser muy costoso…que puede durar años…y que es probable que el juez que lleva mi caso no atienda a mis demandas…-contestó Megan con gesto cansado-Y, si te soy sincera…No quiero salir de aquí…Tengo que pagar por lo que hice…Le quité la vida a un hombre, Tiff.
-¡Pero tú no eres una asesina! ¡Mataste a tu prometido en un momento de locura, Meg!
-¡Pero lo maté! ¡Aún en un momento de locura, le quité la vida a una persona y estuve a punto de matar a otra! ¡No puedo quitármelo de la cabeza! ¡Y no puedo perdonarme por lo que hice! ¡Soy una maldita asesina!
            Tiffany apoyó su mano en el brazo de Megan; la joven apoyó la mejilla en la mano de Tiffany y lloró en silencio. Tiffany acarició el pelo de Megan. Ésta llevaba puesto el uniforme de color gris que llevaban las presas. Contrastaba de manera espectacular con el vestido de color azul satén que llevaba puesto Tiffany.
            Los bellos ojos de Megan estaban bañados en lágrimas cuando alzó la vista y la posó en Tiffany, la cual la miraba con cariño y también con compresión, consciente de la angustia que su amiga estaba viviendo.
-A veces, tengo miedo de volverme loca-se sinceró Megan.
-Yo estaré siempre aquí para apoyarte-le aseguró Tiffany.
-Ya no me importa perder mi belleza si me voy a pudrir aquí dentro.
-Lo que te está pasando no te lo mereces porque eres la persona más cariñosa y amable que jamás he conocido; nadie tiene ningún derecho a encerrarte en un sitio tan horrible como éste y dejarte aquí pudriéndote hasta que te mueras.
-Éste es mi castigo, Fanny. Al menos, no maté a aquella chica. Entonces…me habría quitado la vida…
-¡Por el amor de Dios, Meg…!
-He sido mala persona, Fanny. He sido prepotente y vanidosa…Creía que estaba por encima de todo el mundo…Y eso no es cierto…¡No es cierto!
-Es normal que seas vanidosa. Todo el mundo se ha pasado media vida adulándote, empezando por tu propio padre. Pero me consta que eres una mujer fuerte. Saldrás adelante. Yo estaré siempre a tu lado…Cuando te fallen las fuerzas, puedes recurrir a mis fuerzas para mantenerte en pie.
-Te lo agradezco mucho porque eres la mejor amiga que jamás he tenido.
-Meg, quiero pedirte un favor.
-¿De que se trata?
-Intenta ser fuerte, ¿vale? Aunque sólo sea por mí…Por favor…
            A Megan le costaba trabajo mantenerse fuerte cuando las otras presas le hacían el vacío desde que llegó a la prisión.
            A menudo, pensaba en la joven que había herido, Sabrina. No era mala chica.
            Sabrina venía de una buena familia que había tenido la desgracia de arruinarse. Ello la había obligado a buscar trabajo como sirvienta. Megan la contrató, pero, desde el primer momento, le cogió manía porque, acostumbrada como estaba a que nadie le hiciese sombra, Megan veía en Sabrina a una rival muy peligrosa. Sabrina era una muchacha muy guapa. Pero tenía unas proporciones muy voluptuosas. Cuando Megan recibía la visita de su prometido, éste se quedaba mirando embobado a Sabrina. Aquel fue el origen de todo lo que vendría a continuación. Megan empezó a sospechar que su prometido se sentía atraído por Sabrina. Así que decidió vigilarle de cerca. Los celos amenazaban con volverla loca poco a poco. Amaba muchísimo a su prometido…Bueno, no mucho…Pero aquel hombre era varios años mayor que ella. Megan se llevaba mal con las demás chicas. Tenía la impresión de que le tenían ojeriza por su belleza.
            Megan era orgullosa…Muy orgullosa…Siempre tenía que ganar…
            Se enfadó muchísimo el día en el que Tiffany le comentó que un chico la había besado cuando la acompañaba hasta su casa a la salida del colegio público en el que estaba estudiando. A Megan no le había pasado eso todavía. ¿Por qué le había pasado a Tiffany? Durante dos semanas, Megan estuvo tan enfadada que se negó a salir con Tiffany y le ponía toda clase de excusas.
            En ocasiones, Tiffany se había sentido insulsa al lado de Megan. La belleza innegable de la joven eclipsaba a todo el mundo. Cuando Megan ingresó en prisión, fueron muchas las mujeres de todas las edades las que se mofaron de ella porque estaba en la cárcel y también por los motivos que la habían llevado hasta allí. Los guardias encargados de la cárcel eran también mujeres y no parecían ser nada compasivas con Megan.
-¿Por qué no te escapas?-le sugirió Tiffany.
-¿Qué dices?-se extrañó Megan-¿Cómo me voy a escapar de la cárcel? ¡Estás loca! ¡Me atraparían a la primera de cambio! Además…Yo no sabría qué hacer…Soy una inútil en estas lides…
-Pero te puedes escapar con otras presas. Sé de presos que se han escapado de la cárcel. Y nadie los atrapa.
-En mi caso, es distinto.
-¿Por qué? Puedes unirte a alguna presa que quiera fugarse.
-¡No! ¡Eso no va a pasar nunca! Fanny, aquí nadie me habla. No he hecho ninguna amiga desde que estoy aquí. ¡Es horrible! ¡Me siento muy sola…! ¡Me quiero morir…! ¡Odio este lugar! Me pegan…Las guardianas me pegan…Me encierran desnuda en una celda de castigo…Mis propias compañeras de celda me pegan…También me pegan las demás presas…
-Todo lo que estás viviendo parece sacado de la peor de las películas de miedo que jamás he visto.
-Nunca debí de haber puesto los ojos en el duque. Era inglés, rico y duque. Y yo…No me enamoré de él…Me encapriché de él, que es distinto. Y lo hice para darle en las narices a mis vecinas. ¡Esas estúpidas engreídas…!
            Megan siempre había sido una joven esbelta, con una cintura de avispa, pero, tras los meses que llevaba en prisión, sin contar los que pasó en prisión preventiva a la espera de juicio, era poco más que un esqueleto andante.
            Megan se maldecía así misma por haberse encaprichado del duque de Saint James, un hombre increíblemente apuesto, viril, cínico y duro, pero también rico, aristocrático y ambicioso. Era natural de Londres y se encontraba en Sidney huyendo de un escándalo en el que se había visto implicado él, un miembro de la Cámara de los Lores y la bella y joven esposa de éste. Tiffany le había advertido a Megan que el duque de Saint James era infiel por naturaleza, pero ésta no le había hecho caso y había dejado que éste la cortejara, a sabiendas de que se acostaba con otras a sus espaldas.
-¿Qué dicen esas idiotas de mí?-le preguntó Megan a Tiffany.
-No dicen nada-respondió la otra muchacha-Siguen con sus vidas y no hablan de ti para nada.
-Fanny, por favor, no me mientas…Sé que hablan de mí…Dímelo…¿Qué dicen?
-Ellas…Parecen festejar tu…mala suerte…
-¡Lo sabía, mierda! ¡Lo sabía! ¡Lo sabía!
-¡No he debido de decir nada! ¡Te he alterado! ¡No puedes alterarte!
-¡Estoy en una maldita cárcel, Fanny! ¡Puedo enfadarme todo lo que quiera! ¡Las guardianas me encerrarán desnuda en la celda de castigo haga lo que haga! ¡Me importa muy poco el ponerme a chillar si me da la gana!
-Meg…
            La joven pelirroja se retorcía su cabello, que llevaba recogido en una sencilla coleta, con gesto nervioso, como si quisiera arrancárselo de cuajo y tirarlo al cubo de la basura. Megan había dormido la noche anterior en la celda de castigo. Se había enfrentado a una de sus compañeras de celda por haberle escupido en la cena. El frío no la había dejado dormir. Tampoco la habían dejado dormir las ratas ni las cucarachas. Parecían obsesionadas con trepar por su cuerpo. Las guardianas no proporcionaban mantas a las presas cuando las encerraban en las celdas de castigo. No tenían compasión de nadie. Era una vida muy dura y muy violenta. Megan estaba aprendiendo a marchas forzadas a espabilarse. Era su única opción si quería sobrevivir. Pero la joven tenía sus dudas.
            ¿Vivir?
            ¿Para qué quería vivir un día más?
            Toda su vida se había visto reducida a unos escasos metros cuadrados en una celda rodeada de mujeres que la odiaban sin motivo. Veía el Sol salir y ocultarse a través de los barrotes de su celda. Megan soñaba que era pájaro…Y podía salir de aquel Infierno…Y volar lejos…muy lejos…
            Adonde no la alcanzase su sentimiento de culpa…
            Con frecuencia, Tiffany observaba moratones en las suaves y blancas mejillas de Megan. Había oído todo tipo de historias que tenían lugar en las cárceles, como que los presos eran violados por otros presos. ¿Habría corrido aquella suerte Megan? Tiffany no se atrevía a preguntárselo.
            El duque de Saint James nunca había estado enamorado de Megan y Tiffany siempre lo había sabido. Sólo la había deseado por su cintura de avispa y sus pechos, firmes y hermosos. Pero no la había amado. No había querido saber cómo era Megan en realidad. Y ello había herido a su amiga. Con el paso del tiempo, Megan había querido que su relación con el duque hubiese tenido una base más sólida…Más firme…
-¿Cómo te van las cosas, Fanny?-le preguntó Megan a su amiga.
-Voy tirando-respondió ésta-No me puedo quejar.
-Tu familia es una de las más ricas de Sidney.
-Como lo es también la tuya.
-Pero la mía me ha dado de lado. No quieren saber nada de mí. Y no les culpo. No les hace gracia saber que su hija es una asesina.
-¡Oh, Meg…! ¡Tú no eres…!
-¡No sigas negándolo, Fanny! Una parte de mí desea salir en libertad porque todavía soy joven. Lo que estoy viviendo dentro de esta prisión no se lo deseo ni a mi peor enemigo. Pero otra parte de mí es consciente del daño que ha cometido. Es un milagro que no haya sido condenada muerte. Maté a un hombre. Peor. Maté a un duque. Y estuve a punto de matar a mi criada. ¿Sabes lo que es vivir todos los días con este sentimiento de culpa que me corroe por dentro, Fanny? No puedo dormir por las noches…No es por el frío ni por el hambre ni por el miedo…Es mi conciencia la que no me deja dormir…La que me repite una y otra vez lo mismo…Asesina…Eres una asesina…
-Una joven tan fuerte y valiente como tú no tiene que vivir toda la vida atormentándose por la culpa. Tienes que superar esto, Meg.
-Creo que jamás lo superaré, querida…Jamás…
-Meg…Yo…Te quiero mucho y…
            Megan no pudo evitar pensar en su padre, la única persona que de verdad había querido. Su padre la había adorado con devoción y su corazón se partió en mil pedazos el día en el que vio a su hija subir esposada y manchada de sangre a un coche patrulla después de haber apuñalado hasta la muerte al duque de Saint James y de haber dejado malherida a Sabrina. El padre de Megan no había ido a visitarla desde que ingresó en prisión preventiva. Ella lo había visto en la última fila durante el tiempo que duró su juicio, pero él no se acercó para hablar con ella. Megan esperaba ansiosa que su padre la llamara o que viniera a verla. Después de tres meses, la joven había llegado a la dramática conclusión de que su padre no quería saber nada de ella y que había decidido olvidarla.
            Tiffany oprimió con fuerza las manos de Megan. Le acarició el pelo…Le acarició las mejillas…Acarició las manos de Megan…Ésta se aferró a los brazos de Tiffany…Apoyó la cabeza en las manos de su amiga…Tiffany juntó su frente con la frente de Megan…Rozó con sus mejillas las mejillas de su querida amiga…
-Me gustaría saber cómo te van las cosas con Tyler-dijo Megan.
-Me van bien-le aseguró Tiffany-Ya sabes cómo es Tyler…Es muy bueno…
-No lo dudo. Y se nota que te quiere mucho.
-Antes, estaba enamorado de ti.
-Espero que me haya olvidado. Nunca saldré de aquí. Tú, en cambio…
-Meg, Tyler me está cortejando para olvidarte. Sé que jamás hubo nada entre vosotros, pero…Él ha inventado una especie de historia de amor dentro de su cabeza…Piensa que tú estás enamorada de él…Y me vé a mí como tu sustituta…No sé si podré seguir viéndole sabiendo que no me ama…Que es a ti a quien ama…
-Me olvidará con el tiempo, Fanny. Ya lo verás.
-¿Y si no te olvida?
            Megan jamás le había dado a Tyler, el pretendiente de Tiffany, esperanzas, pero era evidente que él había pensado que ella correspondía al amor que él le profesaba.
-Me olvidará-sentenció Megan.
-Dice que tú has sido el gran amor de su vida-afirmó Tiffany-Que siempre lo has sido… Y que siempre lo serás…
-¡Bobadas! ¡No soy la única mujer de Sidney! ¡Me olvidará! ¡Sólo me ha amado por mi belleza!
            Conocer a Sabrina había supuesto para Megan un baño de realidad. Había descubierto que no era la única mujer medianamente atractiva que había en toda la ciudad.
            Sabrina había aparecido en su vida para trabajar, nada más. El hecho de que el duque de Saint James se hubiese fijado en Sabrina sólo significaba que aquel hombre estaba obsesionado con todas las mujeres hermosas que se cruzaban en su vida y Sabrina no había sido una excepción. Por desgracia. Megan se decía que jamás tendría que haberla contratado. Pero tampoco tendría que haberse fijado en el duque de Saint James. Aquel hombre no la había querido.
-¿Cómo está Sabrina?-quiso saber Megan.
-Está bien también-contestó Tiffany-Hace algún tiempo que no sé nada de ella. Creo que se marchó a casa de su madre…Fue…El mismo día que el juez dictó tu sentencia…
-Me acuerdo de Sabrina a todas horas. Yo…Lo sentí mucho por ella…Sabrina no tenía culpa de nada…El duque la sedujo…
-¿Por qué los atacaste? ¿Por qué no rompiste con el duque cuando te diste cuenta de cómo era?
-Fanny, yo deseaba tanto darle en las narices a las idiotas de mis vecinas que me cegué. No dudé en renunciar a mi dignidad y a mi orgullo con tal de salirme con la mía. Cuando me di cuenta de que estaba pagando un precio muy alto por convertirme en duquesa y viajar a Inglaterra, me volví loca. Vi al duque y a Sabrina juntos y…Me cegué…No pensé en nada…Cogí un cuchillo…Fui hacia ellos…En aquellos momentos, yo no era yo…Lo veía todo rojo…No veía nada en realidad…Estaba furiosa, totalmente fuera de mí…Recuerdo alzar el cuchillo una y otra vez…Recuerdo que algo caliente y espeso me salpicó la cara y el vestido…Y recuerdo sentir cómo el cuchillo se hundía sobre algo blando y suave…
-¡No sigas, Meg, por Dios! ¡No sigas!
            Un día antes, Tiffany había perdido la virginidad con Tyler aprovechando que habían ido a dar un paseo en el coche de él. Tyler estaba decidido a olvidar a Megan y quería hacerlo con Tiffany. Paró el coche en un descampado. La muchacha supo lo que Tyler se proponía. Le dejó hacer. Él quería olvidar a Megan. Y ella quería ayudarle a olvidar. Cuando Tyler empezó a obsequiarla con sus apasionados besos, Tiffany le dejó hacer. Le dio la lengua cuando Tyler se la pidió y procuró no pensar en lo que el joven le estaba haciendo. Tyler la acarició y Tiffany se quedó muy quieta. Fue un acto incómodo, sí, y raro. Pero no muy doloroso. Tiffany tenía marcas de los dientes de Tyler por todo el cuerpo. Cuando él le mordió un pecho en pleno arrebato, Tiffany estuvo a punto de gritar de dolor porque le había hecho daño. No lo hizo y Tyler le mordió el otro pecho. Tiffany se dijo que aquel acto de pseudos-canibalismo formaba parte del acto sexual. Pero tenía el cuerpo dolorido y la aspirina que se había tomado aquella mañana le había ayudado a aliviar el dolor. Su entrepierna se encontraba bien porque no había sangrado mucho.
            No se sentía diferente por haber perdido la virginidad la noche antes.
            Megan recordaba que el duque de Saint James y Sabrina se habían conocido cuando el duque vio a la joven tendiendo la ropa en el patio. El duque había acudido a la casa de Megan para visitarla. Entonces, vio a Sabrina. Se sintió atraído por ésta. Tuvo la desfachatez de preguntarle a Megan por el nombre de su nueva criada. Megan no quiso contestar a su pregunta. Tuvo que haberse dado cuenta de que el duque se traía algo entre manos cuando alabó los generosos pechos de Sabrina. Megan se preguntaba a menudo cuánto tiempo pasó entre que el duque conoció a Sabrina hasta que se acostó con ésta por primera vez. Llegó a la conclusión de que no merecía la pena saberlo.
            Fue Tiffany la que habló con Megan acerca de la personalidad del duque. Lo hizo cuando su amiga le dijo que pensaba casarse con él.
            Tiffany había oído muchos comentarios negativos sobre el duque de Saint James y le aseguró a Megan que era poco probable que se fuesen a vivir a Inglaterra, dada la pésima fama que tenía el duque. Megan, por desgracia, no la creyó. Dijo que Tiffany estaba celosa de ella. ¿Y cómo no lo iba a estar?, se jactó. Después de todo…Era Megan la que había llamado la atención del duque, y no Tiffany. Más adelante, la primera vez que Tiffany fue a visitar a Megan cuando ésta se encontraba en prisión preventiva, la joven pelirroja rompió a llorar nada más ver a su amiga. Le dijo a Tiffany que sentía mucho haberse mofado de ella y también le pidió perdón por no haberla creído cuando le avisó de la mala fama que tenía el duque de Saint James; de haberle hecho caso a Tiffany, Megan no habría asesinado al duque, movida por los celos y por la rabia.
-¡Cállate, Meg!-le pidió Tiffany, obligando a su amiga a regresar al presente-¡No merece la pena! ¡Por favor…! ¡No sigas hablando…!
-Yo…yo…-sollozó Megan-Yo…
-Sé que lo estás pasando muy mal, amiga mía, y es normal que sientas pena, dolor y rabia por lo que te está ocurriendo. Pero no tienes que venirte abajo…Y no tienes que estar atormentándote por la culpa…No merece la pena…
            El día en el que Megan fue arrestada, la joven iba vestida con su traje de amazona de color verde jade y llevaba el pelo recogido en una trenza. El traje se llenó de sangre y hubo que tirarlo a la basura porque las lavanderas de la prisión no consiguieron quitarle las manchas de sangre. La trenza que llevaba Megan acabó deshecha. Y, durante mucho tiempo, la joven estuvo ida, sin saber a ciencia cierta lo que había hecho.
            Tiffany acarició con cariño las mejillas de su amiga.
-Algún día, te casarás con Tyler…-murmuró Megan-Tendrás hijos con él…Seréis felices…
-Meg, Tyler está enamorado de ti-le recordó Tiffany-Yo no soy más que un simple pasatiempo para olvidarte.
-Fanny, Tyler tiene muchos defectos, pero estoy segura de que él te quiere.
-Él sólo se desahoga conmigo cuando piensa demasiado en ti, Meg.
            Tiffany no le quiso contar a Megan que ya no era virgen. Su amiga se habría asustado al saber que Tiffany había abierto sus piernas a un hombre que no estaba enamorado de ella. Tiffany quería pensar que Tyler, por lo menos, habría tenido la gentileza de haber pensado en ella mientras estaban dentro del coche. Ella había querido a Tyler tiempo atrás. Ahora…No estaba segura de seguir enamorada de él y le parecía una locura haber permitido que Tyler hubiese acariciado y besado su cuerpo y hubiese entrado dentro de ella cuando no había amor entre ellos. Lo que me convierte en una puta, se dijo Tiffany con tristeza. Se consolaba pensando que, afortunadamente, vivía en una época en la que no se le concedía tanta importancia a la virginidad.
            Megan nunca había practicado sexo con nadie. Ni siquiera con el duque. Había permanecido virgen siempre y era probable que muriese siendo virgen.
-Voy a revelarte un secreto, Fanny-dijo Megan con voz cansada.
-¿De qué se trata?-quiso saber Tiffany.
-Los hombres son unos cerdos.
-¿Lo dices en serio?
-El duque de Saint James solía decir que, para los hombres, sólo existen dos tipos de mujeres. Las mujeres con las que uno puede follar tranquilamente y las mujeres decentes con las que uno se casa. Sabrina pertenecía al primer grupo. Y yo pertenecía al segundo.
-¡Oh, Meg…! Te has vuelto tan cínica que me cuesta mucho trabajo reconocerte.
-Es la cárcel, Fanny…Todo cambia cuando uno está aquí…Encerrado en una pequeña celda…sin poder salir a la calle…mirando el mundo a través de unos barrotes…Sólo tenemos una hora para salir al patio y estirar las piernas…Yo he pasado toda mi vida en la calle paseando, yendo a fiestas o al teatro o montando a caballo…Esto no es vida… Créeme…No es vida…
-Quiero pensar que saldrás pronto en libertad, Meg.
            Los ojos de Megan se llenaron de lágrimas. Ella las reprimió. Una de las primeras lecciones que había aprendido tras ingresar en prisión había sido que las lágrimas no servían de nada. No podían borrar el daño que había causado…Lo que había hecho…El lugar donde se encontraba pagando su culpa…
            Megan creyó odiar en aquel momento a Tiffany.
            Su amiga se levantaría al cabo de un rato de la silla en la que se encontraba sentada…Saldría a la calle…Y ella…¡Ella no podía ir con Tiffany a la calle! Megan sintió deseos de echarse a llorar, pero se contuvo. Tenía que resignarse a su suerte…Y rezar para que su abogado decidiese recurrir la sentencia, aunque fuese una guerra perdida de antemano. Los recursos rara vez prosperan, se dijo Megan. Tenía la sensación de que la esperanza la había abandonado. Ya no le quedaba nada por lo que seguir adelante.
            Megan recordaba los viejos tiempos. Cuando Tiffany y ella salían a montar a caballo cuando Tiffany visitaba la casa de campo que tenía la familia de Megan en las afueras de Sidney.
            A Tiffany nunca le gustó mucho la equitación. En cambio, Megan era una apasionada de la equitación y sus padres tenían numerosos caballos. Megan había participado en varias carreras de caballos. Y había ganado varias competiciones. Era una buena amazona. Pero de poco le servían sus dotes como amazona dentro de la cárcel.
-Mi madre se ha apuntado a una Sociedad de Lectura-le contó Tiffany a Megan-Y, de paso, me ha apuntado a mí para que la acompañe en sus reuniones. Se reúnen varios días a la semana. Mi madre quiere que lea en la reunión de esta noche. Pero a mí me da mucha vergüenza. Siempre he sido muy tímida. Tú lo sabes bien…¿Te acuerdas del ridículo tan espantoso que hice en aquella función del colegio en la que las dos salíamos disfrazadas de champiñones? ¡Dios, qué vergüenza…! Yo no quería salir al escenario porque el auditorio estaba a rebosar de gente…Y tú tirabas de mí para que saliera…
            Megan escuchó a Tiffany reírse y se preguntó el porqué su amiga se reía de aquella manera tan tonta ante aquel recuerdo. Megan no quería recordar nada de su vida anterior…Sólo quería que la dejasen morir en paz…
            Tiffany tenía los labios hinchados, pensó Megan de pronto. ¿Por qué? ¿Estaría enferma? De pronto, pensó en Tyler…Y eso le aclaró algunas cuestiones…Como que Tiffany ya no era virgen…
            Tiffany tenía los labios hinchados por los besos que le había dado Tyler.
-¿Qué pasó anoche?-le preguntó Megan a su amiga.
-¿Anoche?-se extrañó Tiffany.
-Sí…anoche…
-No sé…A qué te refieres…Anoche, salí con Tyler, pero no hicimos…nada especial…
-Fanny…No soy tonta…¡Vamos! ¡Habla conmigo! ¡Distráeme! Estoy aburrida… Anda…Cuéntame cosas…Me aburro…Todo el día aquí encerrada…Dentro de este horrible sitio…Fanny…Nadie quiere hablar conmigo…Yo…Soy una estúpida…Tú has demostrado ser mucho más espabilada que yo…¡Y eso que pareces tonta! ¡Je! ¡Je! ¡Je! Fanny, no me hagas mucho caso…¡Je! ¡Je! ¡Je! Creo que me estoy volviendo loca de estar tanto tiempo aquí encerrada…Me dan ganas de abrirme la cabeza para poder matarme y ser feliz…Es muy fácil suicidarse aquí…Algunas presas lo han hecho…Supongo que les jode pensar que son jóvenes y que van a morir siendo vírgenes aquí dentro…Muertas de asco…
-Meg…
-Anda…Cuéntame…¿Qué tal es Tyler?
-¿Dónde? ¿En qué?
-Follando.
-¡Meg, por Dios! ¿Cómo puedes hablar…? ¡De ese modo! Yo…si te soy sincera…entre Tyler y yo…Anoche, practicamos el sexo por primera vez dentro de su coche…No es tan doloroso como dicen que es…Pero tampoco es tan glorioso como lo pintan en algunas novelas románticas…Tyler me usó como un desahogo…Supongo que esto mejorará a medida que pase el tiempo…Yo no sé mucho de estas cosas porque soy tan pazguata como lo era mi madre en su juventud…Y supongo que Tyler querrá repetir… O no…Es un hombre…Y, aunque joven…Es impredecible…Puede que no esté enamorado de mí, pero es evidente que me desea y que…desea mi cuerpo…Meg, yo no…Ya no sé lo que siento por él…Tu sabes bien que hubo un tiempo en el que estaba muy enamorada de Tyler, pero…Me doy cuenta de que sólo estaba encaprichada de él…Para mí, era Tyler, y no el duque de Saint James, la encarnación de todas mis fantasías de adolescente romántica…
-Fanny…
-Ya sé lo que piensas…Y tienes razón…Soy una golfa…
-No…No eres eso…Eres una buena chica…
            Tyler había sido el primer hombre que le daba un beso de película a Tiffany. Ella siempre le estaría agradecida por ello. Pero la vida real no era como en las películas. Hasta la noche anterior, Tyler se portaba como un caballero con Tiffany. El padre de la joven era el que había dado el visto bueno a que aquel joven de buena familia le hiciese la corte a su hija. Tiffany se sonrojó al pensar en Tyler…¿Qué habría dicho su padre si hubiese sabido que Tyler había puesto su mano en la entrepierna de su hija? ¡Los habría matado a los dos! Además, aquella noche, habían podido salir por primera vez sin la compañía de la carabina que había reclutado la madre de Tiffany.
            La muchacha no sabía qué sentir.
            Habría permanecido todo el día encerrada en su casa para meditar sobre lo que había hecho. Pero era domingo…Y era el día de visitas en la cárcel…
            Había salido de su casa sólo para ver a Megan. Y su amiga parecía obsesionada con querer saber hasta el último detalle de su encuentro con Tyler. ¿Podía calificar aquel encuentro como amoroso? No. Amoroso estaba relacionado con el amor. Y, puesto que no había habido nunca amor entre Tiffany y Tyler, no podía considerar que habían tenido un encuentro amoroso. Habían intercambiado besos y caricias, pero…¿Y el amor?
            Durante los meses que Tyler había estado cortejando a Tiffany, el joven la había besado de manera suave y recatada en los labios aprovechando algún que otro descuido de su carabina. A Tiffany le habían gustado aquellos besitos rápidos y cortos. No era apasionada por naturaleza y le bastaba con aquellos besos suaves para ser feliz. También sabía que Tyler no la amaba y no le exigía que la besase con más pasión.
            Pero, la noche anterior, en el interior del coche de Tyler, éste la besó con pasión y le metió la lengua en el interior de la boca. Y, después, la lengua de Tyler recorrió cada centímetro de la piel de Tiffany.
            Las mejillas de la muchacha se encendieron con el recuerdo. Tyler había llamado aquella mañana, antes de que saliera en dirección a la cárcel. Quería verla aquella noche.
-Tyler quiere verme dentro de unos días…-murmuró Tiffany, pero Megan la oyó-Querrá pedirme que me convierta en su puta…
-¡Fanny, no exageres…!-le sonrió Megan con tristeza.
-¡Pero es que lo soy! ¡Soy una puta!
-¡No! ¡No lo eres! ¡Baja la voz! ¡Tú no eres ninguna puta! ¡Eres una chica muy decente!
-¡Ya no soy eso! ¡Ya no! Una chica decente, no se hubiese subido nunca a un coche a solas con un caballero…Pero yo me subí a un coche con Tyler…Dejé que me llevase a un sitio apartado…No le dije nada cuando…Bueno, cuando él empezó a hacer conmigo lo que quiso…Ya me entiendes…Sí…Me entiendes…
            Tiffany sentía ganas de abofetearse cada vez que pensaba en la manera en la que Tyler se había abalanzado sobre ella…En cómo la había aplastado contra el asiento del copiloto…En cómo le había metido la lengua en el interior de su boca abierta por la sorpresa que se llevó…En cómo había permitido que hubiese recorrido con su lengua cada centímetro de su piel…En cómo le había introducido su miembro en la boca…En cómo le había mordido los muslos…
-Tú ya no eres virgen, pero yo, en cambio, sigo siéndolo-se lamentó Megan.
-¡Y ojalá lo sigas siendo por muchos años!-le sugirió Tiffany de manera suplicante-Porque mi madre dice que los hombres no respetan a las mujeres que no son vírgenes.
-¡Ay, Fanny! Tu madre…Es…Tu madre…Y es una buena mujer…Pero tiene la mentalidad de una mujer del siglo pasado. Y, por desgracia, tú has salido exactamente igual a ella. Pensáis de la misma manera. Yo no sé cómo son las relaciones sexuales entre un hombre y una mujer. Pero estoy segura de que son algo agradable y no son para nada pesadas o desagradables. Tú, en el fondo, disfrutaste de tu encuentro con Tyler.
-No, no disfruté en absoluto de aquel encuentro. Pero, por algún extraño motivo, le dejé hacer conmigo lo que quiso. No dije nada. No me moví de debajo de él mientras él…me desvirgaba…No sentí nada. No sentí asco ni dolor ni placer ni frustración ni nada…Sólo sentí…Frío…Vacío…Y pena…Pena porque Tyler no está enamorado de mí…Y pena porque yo no estoy enamorada de él…
-He pensado muchas veces en mi noche de bodas. Y me da pena pensar que jamás tendré una noche de bodas…
-Todavía puedes salir de aquí. Eres joven y sigues siendo una hermosa muchacha.
-No…Ya no…Saldré de aquí sólo para ir al cementerio directamente…
-Meg…
            Tiffany no había pensado en ningún momento de la noche anterior en Megan. No se había acordado de ella para nada. Su mente se nubló…Tyler quiso que ella lo tocara…Quiso tocarla a ella…Se abalanzó sobre Tiffany, la besó con ardor y con torpeza y le metió la lengua en el interior de la boca…
            Miró a Megan y vio el rostro, que antaño había sido bellísimo, de su amiga con una expresión extraña en él dibujada. Alzó la mano. Acarició la mejilla de Megan. Su amiga apoyó la mejilla en la palma de la mano de Tiffany. Cuando quería, Megan podía ser una muchacha muy dulce y cariñosa con todo el mundo. La cárcel, pensó Tiffany con pesar, acabaría marchitando la belleza física de Megan. Y, después, aplastaría su espíritu.
            En el fondo, una parte de ella se alegraba de no estar presa. Sonaba horrible, sí. Pero era feliz porque estaba libre…No tenía que pagar pena por un delito…Ya se encargaría ella de no pisar nunca una prisión…

            Cuando salió de la cárcel, Tiffany se sentía mejor.
            Odiaba ir a visitar a Megan a la cárcel. Pero…¿Qué otra cosa podía hacer por ella? Megan estaba sola…Su propia familia le había dado la espalda…Sólo la tenía a ella…Tiffany no podía abandonarla…De hecho…Se tenían la una a la otra desde siempre…Y sería siempre así…
            En la cárcel, la celadora fue la encargada de llevar a Megan de vuelta a su celda.
-¿Ya se ha ido tu amiguita?-le preguntó una reclusa con intención.
            La celadora la mandó callar.
-¡Atrévete, puta, a hacerme callar!-la retó la mujer.
-¡Esta noche dormirás en la celda de castigo!-le advirtió la celadora-Ya puedes ir quitándote el uniforme.
-¡Cómo si fuese la primera vez…! ¡Me he hecho inmune al frío!
-Desearía estar muerta…-se dijo Megan en voz baja.
-¿Qué dices tú?-le preguntó la celadora-¿Me estás insultando? ¿Quieres ir a la celda de castigo con esta guarra?
-¡La guarra lo serás tú, so puta!-gritó la presa.
            Megan cerró los ojos. Negó con la cabeza. Bajó la vista y el rostro. Su aspecto era el de la misma sumisión. Le habían quitado la vida poco a poco, se dijo. No…En realidad, ella ya estaba muerta…Llegó muerta a la cárcel…Había matado a un hombre…Había estado a punto de matar a una mujer…
            La celadora condujo a una dócil Megan hasta su celda.
-Cuidadito con lo que haces hasta la hora de cenar-le advirtió la celadora-No quisiera tener que llevarte a la celda de castigo.
-Yo…-balbuceó Megan-Yo…
-¿Quieres decirme algo, escoria?
-No…
            Megan se situó en un rincón de su celda en posición fetal. Cuando se marchaba Tiffany era cuando Megan peor lo pasaba. Tiffany estaba fuera, disfrutando de la vida, mientras ella estaba dentro de aquella prisión, pudriéndose.
            Pensó en Tiffany y trató de hacerlo con cariño. Recordó la melena rubia de su amiga, a la que le gustaba vestir bien y bailar. Era una joven agradable, romántica y dulce.
            Ellen, la compañera de celda de Megan, se acercó a ella. Megan se hizo un ovillo. Ellen era la reclusa que peor carácter tenía de toda la cárcel.
-¿Por qué estás lloriqueando esta vez, pelirroja?-le preguntó Ellen-¿Es que echas de menos a tu mamaíta?
-No…-respondió Megan entre balbuceos.
-Entonces, ¿por qué lloras? ¡Y mírame cuando te hablo! ¡Joder! ¡Odio que la gente no mire a la cara a su interlocutor! ¿Es así como se dice? ¿Interlocutor?
-Sí…creo…
-¡Pues dime de una puta vez lo que te pasa!
-Ha…venido…una…amiga…a…verme…
-¡Ah, sí! ¡La he visto! Bonita pava...Rubita...Bien vestida...
-Y se ha ido...
-¡Me cago en la leche! ¿Y qué querías que hiciese, pelirroja? ¿Quedarse aquí contigo en la celda? ¿Qué calentase tu catre? ¡Joder! ¡Eres gilipollas, sabes!
-¿Por qué…me hablas…así…?
-¡Porque me caes bien, pelirroja! ¡Y me da rabia ver que no has espabilado nada en el tiempo que llevas aquí encerrada! Si no me hubieses caído bien desde el primer instante en el que te vi…Estarías fiambre…
-Yo…Gracias…
-Piensa que la gente que viene a verte, antes o después, regresa a sus casas…A vivir en libertad…
-Lo sé…
-Nadie viene a verme porque me jode pensar que se irán a disfrutar de la vida. Y yo, mientras, estoy aquí pudriéndome. ¿Sabes por qué me arrestaron, pelirroja? Le di una puñalada a una tipa en el corazón porque se resistía a entregarme su bolso. Las he pasado muy perras a lo largo de mi vida. La cagué. Y, por eso, estoy aquí.
-Yo maté a mi novio…Se estaba…Estaba con otra mujer…
-¡Sabía yo que había un motivo por el cual tú me caías bien, pelirroja!
            Ellen palmeó la espalda de Megan con fuerza, pero también con algo de afecto.
            Por algún extraño motivo, Ellen había decidido, de manera tácita, convertirse en la protectora de Megan. Era como una especie de líder entre las reclusas. Las celadoras no se atrevían a castigar a Ellen ni a enviarla a la celda de castigo porque imponía respeto entre ellas.

            Tiffany intentó apartar a Megan de su mente. Por ese motivo, decidió pasarse la tarde siguiente yendo de compras. Fue a una tienda situada en el centro de Sidney. Le gustaba mucho ir de compras. Además, era lo que se esperaba de ella. Que fuese una muchacha frívola y superficial…Como lo había sido antes de que Megan ingresara en la cárcel…Como lo había sido la propia Megan antes de convertirse en una asesina…No quería pensar en Megan…No quería pensar que su mejor amiga se había convertido en una sanguinaria asesina…
            Y tampoco quería pensar en Tyler. ¡Maldito cabrón! Tiffany hervía de rabia cada vez que pensaba en él.
            Pasó gran parte de la tarde mirando toda clase de blusas y de faldas y se probó unas cuantas antes de decantarse por ellas.
-Esa falda le queda bien, señorita-le decían las dependientas.
            Tiffany iba a comprarse ropa ella sola porque no quería salir con nadie más de compras desde que Megan ingresó en la cárcel. La gente seguía hablándole y se portaba muy bien con ella, pero era porque Tiffany no se había visto involucrada en aquel asesinato.
            La única culpable de todo había sido Megan.
            A Tiffany le dolía ver que todo el mundo le había dado la espalda a su mejor amiga. Era terrible, pero también era cierto.
            Tiffany se quedó pensativa mirando una blusa de color gris.
            De pronto, le pareció injusto estar mirando ropa mientras Megan se pudría en la celda de una cárcel. ¿Y qué quieren que haga?, se preguntó Tiffany angustiada. ¡Yo no puedo hacer nada por ella!
-¿Se encuentra bien, señorita?-le preguntó la dependienta-Se ha puesto pálida de pronto.
            Tiffany asintió, aunque era evidente que estaba mintiendo. Sí, se encontraba bien, le dijo a la dependienta.
-Es que me he mareado…-mintió Tiffany-Ya sabe…El calor que hace aquí…
            La dependienta comentó que en Australia hacía calor durante todo el año. Miró con curiosidad a Tiffany.
-¿Quiere que llame al médico?-le sugirió-Podría tratarse de una bajada de tensión o de…
-No, gracias-contestó Tiffany con amabilidad-Ya me encuentro bien…Se lo agradezco…
            La dependienta pensó que aquella chica podría estar embarazada. ¿Por qué no iba a estar embarazada?
-¿Quiere que la acompañe a casa?-le volvió a preguntar.
            Tiffany negó con la cabeza. Se encontraba bien para regresar ella sola a su casa. Cogió la ropa que había escogido. La pagó. La dependienta la metió en varias bolsas.
-Tenga cuidado, señorita-le dijo.
            Tiffany le dirigió una sonrisa tenue. Se marchó de la tienda. La dependienta la siguió con la mirada.
            ¿Por qué no iba a estar embarazada aquella chica? La moral relajada que se tenía en aquella época entre las jóvenes tenía a los más mayores escandalizados.

                       Salió a cenar aquella noche con sus padres.
            Dieron cuenta de un apetitoso solomillo de buey.
            Los padres de Tiffany no pararon de hablar con ella de temas de lo más insulsos y anodinos. Intentaban evitar, por todos los medios, mencionar un nombre que para ellos estaba prohibido mencionar. Megan. No soportaban que Tiffany  fuese a visitar a Megan a la cárcel. Tiffany tampoco quería ir a la cárcel a verla. Pero no quería dejarla sola porque Megan estaba sola. Y eso era algo que no podía soportar.
-¿No me vais a preguntar por Megan?-les preguntó directamente a sus padres.
-Ya sabes lo que opinamos de tu amistad con esa chica, Fanny-dijo la madre de la aludida.
-¡Pero Megan es mi mejor amiga!-afirmó Tiffany.
-Pero es una asesina-replicó su padre suavemente-¿O es que has olvidado que mató a aquel duque inglés y por poco no mata también a su criada? Esa chica está loca…Siempre ha estado loca…
-Aún así, Megan me necesita-insistió Tiffany-Siempre ha sido mi mejor amiga. Me ha apoyado cuando más la necesitaba. Ahora, me doy cuenta de que todo lo que me ha pasado son simples tonterías de niña malcriada y mimada. Lo que le está pasando a Megan es horrible.
-Cariño, sabes que nosotros siempre hemos querido bien a tu amiga-dijo su madre-Pero no me parece justo que te juntes con ella ahora que ha cometido un crimen tan atroz.
-¿Y pensáis que es justo que la deje sola?-le espetó Tiffany.
            Los padres de la joven guardaron silencio. Tiffany no era tan rebelde ni tan apasionada como lo había sido Megan. Pero era evidente que la muchacha había cambiado. Lo que le había pasado a Megan la había hecho ver la vida de otra manera.
-¿Qué tal van las cosas entre Tyler y tú?-le preguntó la madre de Tiffany a la joven-¿Se te ha declarado ya?
-Hemos hecho mucho más que hablar de amor-pensó Tiffany-Hemos follado. Pero eso no te gustaría saberlo.
-Deja que la relación entre nuestra Fanny y ese joven avance lentamente-le sugirió el padre de Tiffany a su esposa-Me gusta ese chico.
            Tiffany había creído amar de veras a Tyler. Pese a que sabía que él quién estaba enamorado realmente era de Megan…Pese a todo…Pero después de lo ocurrido el otro día…En su coche…Tenía sus dudas al respecto…
-¿No creéis que soy demasiado joven para casarme?-opinó Tiffany-Después de todo, sólo tengo dieciocho años. He terminado el colegio. Mi mejor amiga está en la cárcel. Y mi novio está enamorado de ella.
-¿Tyler está enamorado de Megan?-se asombró su madre.
-Se le habrá pasado cuando se haya enterado de lo que ha hecho esa chica-afirmó el padre.
            Tiffany estaba a punto de ponerse a chillar como una loca. Era evidente que sus padres no eran capaces de entenderla. A decir verdad, Tiffany tampoco se entendía así misma. No sabía qué pensar…Y tampoco sabía qué sentir con respecto a muchas cosas…Tyler…Megan…Sus padres…Ella misma…Estaba viéndolo todo con otros ojos…

            Muy lejos del restaurante en el que estaba cenando Tiffany con sus padres, en un bar de mala muerte de Sidney, se encontraba Tyler.
            Estaba bebiendo un vaso de whisky tras otro.
            Su mente necesitaba aturdirse por el alcohol. Necesitaba beber para no pensar.
            Y es que su cabeza no paraba de darle vueltas y más vueltas a lo mismo. Tiffany…Megan…Siempre había creído que estaba enamorado de Megan. Empezó a cortejar a Tiffany sólo por darle celos a Megan. Pero no lo había conseguido. Además, sabía que Tiffany estaba enamorada de él. Pero…Tras lo ocurrido en su coche…Empezaba a tener dudas…Con respecto a todo…
            Las cosas habían cambiado mucho en el último año.
            Megan estaba en la cárcel.
            Acusaban a la mujer que amaba de ser una asesina.
            Tyler maldijo al aristócrata inglés que había enamorado a Megan para, después, dejarla tirada.
            Aquel hombre era un cerdo que no se merecía a una mujer tan maravillosa como lo era Megan.
            Pero Megan había cambiado mucho.
            Tyler no la reconocía…Su Megan se había convertido en una asesina…
            No quería admitirlo…Pero era verdad…
            Megan le había quitado la vida a una persona…Aquel duque británico era un auténtico hijo de puta, sí. Pero era un ser humano. Megan era bellísima y maravillosa. Pero le había quitado la vida a un ser humano. También estaba su doncella, Sabrina. Una puta, sí. Pero también era otro ser humano. Y Megan había estado a punto de matarla…Movida por la ira…Por los celos…
            Y, ahora, la vida se había convertido en un caos para Tyler. Cada día que pasaba, le quedaba un recuerdo cada vez más difuminado de Megan. Se había dado cuenta de que la joven no lo había amado nunca. Estaba Tiffany, su novia. Comenzaba a sentir algo muy especial por ella.
            Y era en esos momentos…Cuando parecía que empezaba a sentir algo por Tiffany…Cuando ella…Casi sin darse cuenta…Pretendía alejarse de él…

            Ellen sentía mucha lástima por Megan y, en el fondo, no podía evitar compadecerla. Megan había sido criada para lucir en la alta sociedad de Sidney. No había sido criada en los bajos fondos, como era el caso de Ellen. Ella era hija bastarda de no se sabía quién. Su madre pudo haber sido cualquier puta. Y su padre pudo haber sido cualquier borracho. Eso, en el fondo, no importaba mucho.
-Me he convertido en una mujer dura-pensaba Ellen, a menudo, en su celda.
            Apretaba con fuerza  los puños. Imaginaba a la tal Megan suspirando por verse en los brazos de su amado…En su noche de bodas, donde sería desvirgada al fin. En el caso de Ellen, su primera vez fue…Fue una experiencia traumática. Un individuo la violó en un callejón a la edad de doce años y ella le apuñaló cuando intentó violarla otra vez.
            Desde entonces…Había ido cuesta abajo…
            Ellen era un producto de los bajos fondos de Sidney. Había oído que había nacido en una casa muy ruidosa, una especie de burdel encubierto. Había escuchado aquí y allá que su padre pudo ser un ladrón y que su madre pudo ser cualquier prostituta de la ciudad. Muy pronto, Ellen perdió la inocencia. A los seis años, se convirtió en una hábil carterista. Después de ser violada, se convirtió en prostituta. Le habían dicho que podía sacar mucho dinero vendiendo su cuerpo. Un año después, tuvo su primer amante. Se trataba de un violento atracador de bancos que solía matar a los testigos para evitar que lo identificaran  y que, de paso, enseñó a Ellen a utilizar una pistola y a degollar y apuñalar a sus víctimas. Ellen le cogió gusto a la sangre. Cuando su amante fue detenido y condenado a muerte, Ellen volvió a su antigua vida como prostituta. Sin embargo, en aquella ocasión, Ellen mataba a sus clientes para robarles.
            Estuvo así durante bastante tiempo. Hasta que fue detenida. Tenía, por aquel entonces, veinticuatro años.
            Ellen sabía que iba a morir.
            La habían condenado a muerte.
            Megan había tenido suerte. Se había librado de la pena de muerte. Pero Ellen pensaba que se había librado de aquel espantoso destino por un único motivo. Su familia era rica.
            Y Ellen en una simple bastarda.
            Pero Ellen no odiaba a Megan. En cierta forma, sentía cierto grado de cariño por aquella joven. La compadecía. Megan lo había tenido todo. Pero también lo había perdido todo. La culpa de todo la tienen los hombres, pensaba Ellen con rabia. Un hombre le había roto el corazón a Megan. Y ésta no lo pudo dejar pasar. Quería venganza…Quería vengarse de aquellas personas que la habían traicionado…
            No pudo pensar en ningún momento en lo que estaba haciendo…
            Pero Megan no era una asesina. Ella no había querido matar a su prometido…No quiso hacerle daño a su criada Sabrina…Ella sólo quería resarcirse del daño que había recibido…Sólo quería eso…Ellen había planificado cuidadosamente sus asesinatos. Ella sí que era una asesina. Había actuado pensando bien en lo que iba a hacer. Ellen, en cambio, no había pensado en nada. Sólo…Había actuado…
            Pero el juez que la había condenado era un hombre. Y la víctima, además de ser un noble, era un lord inglés. Megan había tenido la enorme suerte de eludir la pena de muerte. Pero la joven estaba muerta por dentro. Megan se estaba muriendo todos los días un poquito. Y Ellen era el silencioso testigo de su muerte lenta y dolorosa. 


                               No podía hacer nada por ayudarla. Megan no quería comer. No dormía por las noches. Se limitaba a vegetar en su estrecha celda. 

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