martes, 12 de agosto de 2014

EL DIARIO DE SOPHIE

8 DE FEBRERO DE 1801

                             Es Titania quien me hace acompañarla cuando sale a dar un paseo por la orilla del río Támesis. 
                             Aunque no me siento con ganas de nada, me veo obligada a acompañarla en su paseo. 
-Sophie, estoy preocupada por ti-me dice. 
-Yo estoy bien-le miento. 
                             Me digo a mí misma que debo de mantenerme fuerte. Después de todo, Titania me necesita. No puedo venirme abajo. Si yo me desmorono, Titania también se desmorona. 
-Pasó algo cuando vino a visitarme lord Frederick-afirma Titania. 
                            Yo la miro casi con miedo. No...La miro con miedo. 
                            Titania se coge de mi brazo mientras caminamos. 
-No pasó nada-le vuelvo a mentir-Hablo en serio. 
                           Vemos pasar a un pato que nada por el Támesis. No me atrevo a seguir hablando. 
                          Titania no es ninguna tonta. Sospecha que me ocurre algo. Sospecha que algo ocurrió entre lord Frederick y yo anteayer. 
-No me voy a enfadar si me cuentas lo que ocurrió-me asegura-Te entenderé. 
                           Titania me conoce mejor que nadie. Prácticamente, nos hemos criado juntas. Mis tíos venían a visitarnos con mucha frecuencia. O nosotros íbamos a visitarles a ellos. 
-Si te lo cuento, te podrías enfadar conmigo-me inquieto-Después de todo, lord Alexander está interesado en ti. A la larga, podría casarse contigo. Y yo no quiero que vuestro compromiso se trunque por mi culpa. 
-Pasó algo entre lord Frederick y y tú-afirmó Titania-Y quiero saber lo que pasó. ¿Se propasó contigo? Dime la verdad, Sophie. No quiero enfadarme con el que podría ser mi futuro cuñado. Pero no quiero que nadie te haga daño. Soy más fuerte de lo que piensas. 
                              Respiro hondo. Empiezo a hablar. 
                             A medida que le voy contando a Titania lo que ocurrió entre lord Frederick y yo, sus ojos se van haciendo cada vez más grandes. Está realmente sorprendida. 
-¡Besaste a lord Frederick!-grita. 
-¡Baja la voz!-le siseo-No quiero que nadie nos oiga. 
-¡Pero le besaste! 
                          Oigo a un perro ladrar. Se encuentra cerca de donde estamos caminando Titania y yo. 
                          Es cierto que vivimos en Londres. Pero también es cierto que vivimos en una isla situada en el río Támesis. Cualquiera puede oírnos a Titania y a mí hablar. 
                          Quiero pensar que lo que ocurrió entre lord Frederick y yo estuvo mal. Pero, en el fondo de mi corazón, sé que no hicimos nada malo. No me arrepiento, por mucho que lo intente, de lo que ocurrió entre nosotros. Y deseo que vuelva a pasar. 

 

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