sábado, 23 de agosto de 2014

EN UNA PEQUEÑA ISLA ESCOCESA

Hola a todos. 
Hoy, voy a dejar un poco aparcado el diario de Mary. 
No sé cuándo lo voy a retomar porque tengo muchas cosas que hacer. Voy a estar muy metida en los próximos días en mi blog "Romántica Lilith". Tengo allí muchas cosas por hacer. Y también quiero subir a mi blog "Un blog de época" todas las historias que escribí en mi adolescencia. 
Me gustaría poder retomar en cuanto pueda mi diario, que es el diario de Mary. 
De momento, me despido de vosotros con este relato que está subido, precisamente, en mi blog "Romántica Lilith". 
Es un relato muy bonito acerca de una pareja de enamorados a principios del siglo XIX. 
Espero que os guste. 

FOREWICK HOLM, PAPA STOUR, ARCHIPIÉLAGO DE LAS SHETLAND, EN ESCOCIA, 1800

          El Sol estaba comenzando a ocultarse en el horizonte cuando la joven paraje abandonó la casa en la que vivían. Era algo que hacía desde que llegaron a aquella pequeña isla, unas semanas antes. Vivían en el centro de la isla de Forewick Holm. Los dos caminaban en dirección a la orilla. La joven esposa, llamada Ashley, se quitaba los zapatos porque le gustaba sentir el suelo bajo sus pies desnudos. La vida de Ashley había cambiado desde que se casó con Louis. Le gustaba vivir en aquella pequeña isla, tan aislada del mundo. Ashley y Louis eran almas gemelas. Los dos habían llegado a aquel convencimiento durante la ceremonia que los unió en matrimonio. Louis era un joven que buscaba la paz para su alma, atormentada por el recuerdo de la guerra. Ashley disfrutaba con el sonido de las olas e inventaba dibujos en el cielo cuando miraba las estrellas. 
                 Recordaba la noche en la que Louis y ella se conocieron. Salieron a dar un paseo por el jardín de la mansión en la que se encontraban y contemplaron el cielo estrellado. Las circunstancias habían sido tristes y a Ashley le apenaba recordarlas. Cuando salió a dar un paseo por el jardín con Louis, necesitaba alejarse del ambiente que se respiraba en el interior de la mansión. 
                El prometido de la mejor amiga de Ashley, Adrianne, había fallecido en un accidente de caza. Hacía escasos días que habían anunciado su compromiso en una fiesta que organizó el padrastro de Adrienne. La boda con el conde de Sherbridge iba a suponer para Adrianne un nuevo comienzo. Sus primeros años de vida habían sido un Infierno. Con un padre violento y maltratador...Tenía cicatrices por todo el cuerpo. A la muerte del padre, la madre de Adrianne pudo escapar de aquel Infierno. Rehizo su vida al lado de un hombre viudo y padre de dos hijos. Mister Norris era para Adrianne como un padre.
                Ashley conoció a la joven en aquella época. Por aquel entonces, Ashley era apenas una niña. Pero Adrianne y ella se convirtieron en uña y carne. Estaban muy unidas desde entonces. Ya había pasado algún tiempo desde la muerte del conde. Y Adrianne no había logrado superarlo. De hecho, la joven estaba pensando seriamente en tomar los hábitos porque sentía que no podía seguir viviendo si no estaba con ella su amado. 
                 ¿Es justo que yo sea feliz cuando mi mejor amiga está sufriendo tanto?, se preguntó Ashley. No es justo. 
                  Louis y ella se sentaron en el suelo. Los dos hablaron de los lugares a los que querían viajar. Louis no había hecho aún el viaje que todos los jóvenes suelen hacer por Europa. 
-Te gustará conocer Suecia-le aseguró a Ashley-Dicen que es muy bonita.  
                  La chica cerró los ojos. Se imaginaba así misma viajando por los lugares de los que Louis le hablaba.
-Ceilán...-dijo, de pronto.
-¿Quieres ir a Ceilán?-inquirió Louis.
-Nunca he estado allí. Pero la conozco de los libros que he leído. ¡Me gustaría conocer Ceilán!
                   Soplaba una brisa suave que movía los mechones de pelo de Ashley, quien tenía los ojos cerrados. Louis le cogió la mano. La besó en la cabeza.
                  Un pájaro pasó volando por encima de sus cabezas.
-Es una buena señal-opinó Louis-Los pájaros son libres.



                      Eran muy pocas las personas que vivían en aquella isla.
                  Era una sensación muy irreal la que ambos experimentaban al vivir allí.
                   En la casa quedaban la criada y la cocinera. Eran el único servicio que tenían.
-No tardarán mucho en acostarse-comentó Ashley-Nosotros siempre volvemos tarde.
                     El cielo ya estaba oscuro y estaba cubierto de aquellas brillantes estrellas. La Luna era llena aquella noche. Y podían contemplarla desde donde estaban sentados. Una Luna llena brillante y redonda que se veía reflejada en el mar. Era un espectáculo precioso.
                     Ashley se despertaba temprano. Se asomaba a la ventana y veía las barcas de los pescadores del archipiélago ya faenando. Le gustaba ver cómo empezaba a amanecer. Cómo salía el Sol por el horizonte. El comienzo de un nuevo día...
-Nos hemos quedado solos en el mundo-afirmó Louis.
                      Rodeó con su brazo los hombros de su mujer. La atrajo hacia sí con la intención de abrazarla con fuerza. Besó de manera suave y un tanto distraída la frente de Ashley.
-¿Y eso es malo?-sonrió la joven.
                     Louis la besó en una mejilla.
-Eso es maravilloso-contestó el joven.
                     Se apartaron un poco y Louis besó las manos de su mujer.
-No me gustaría tener que viajar a Durness-afirmó Ashley-Es un lugar triste.
                     Louis la besó con pasión en los labios. Al separarse, notó el calor que desprendía el cuerpo de su mujer.
-No viajaremos allí si no quieres-le prometió-Nos quedaremos aquí. En esta isla...Es nuestro hogar.
-Nuestro hogar...-repitió Ashley-¡Me gusta! Sí...¡Me gusta cómo suena!
                      Era el mes de diciembre. Pero las vidas de ambos cambió a principios del mes de febrero. Fue en aquel mes cuando los dos se conocieron. Ocurrió durante el velatorio del conde de Sherbridge. Ashley fue allí para apoyar a Adrianne. Louis era el hijo del padrastro de la joven. Aún no se conocían. 
                  A mediados de enero, Adrianne fue a ver a Ashley a la casa de su padre, el duque de Warburton. Las dos amigas eran naturales de Durness, en las Tierras Altas. Ashley la hizo pasar al salón.
-¡Me voy a casar!-le anunció Adrianne a bocajarro.
-¿Qué me estás contando?-se asombró Ashley-¿Cómo que te vas a casar?
-Drake me ha pedido que me case con él.
-¿Cuándo?
-Fue ayer. Vino a ver a mi padrastro. Y él aceptó. ¡No quepo en mí de alegría! ¿Te imaginas, Ashley? ¡Seré la condesa de Sherbridge!
-¡Oh, Adrianne! ¡Eso es maravilloso!
                      Pero todo eso cambió en cuestión de pocos días. A principios de febrero, el conde falleció en un accidente de caza. Ashley estaba en el salón de la mansión de mister Norris intentando consolar a Adrianne, quien no paraba de llorar.
-¿Por qué?-repetía sin cesar entre sollozos-¡No puede ser cierto!
                    La mansión de mister Norris estaba llena de gente. Todo el mundo se acercaba a Adrianne a darle el pésame. Lo que le había ocurrido había sido una verdadera tragedia. Iba a anunciarse en breve su compromiso de manera oficial con el conde.
                     Ashley no pensaba en eso. Sólo pensaba en lo injusta que había sido la vida con Adrianne. Y, entonces, le vio llegar.
                     Louis estaba estudiando en la Universidad de Glasgow cuando supo que su hermanastra estaba prometida con el conde de Sherbridge. Decidió regresar a casa para felicitarla personalmente porque sentía que escribirle una carta era muy frío.
                     Pero, en mitad del trayecto, recibió la mala noticia. El conde de Sherbridge había fallecido. Louis se quedó de piedra al encontrar a Adrianne.
                     Parecía un fantasma. Estaba más pálida y más demacrada que nunca. Se había puesto un vestido de color negro. Se sentía la viuda del conde. Y pensaba comportarse como tal. No volvería a enamorarse nunca más.
-Adrianne...-susurró Louis al colocarse frente a ella.
-Llegas tarde-se lamentó la aludida-Yo ya estoy muerta. Sin Drake...¿Qué será de mí?
-Pero no estás sola-intervino Ashley-Tienes a tus padres. Tienes a tus hermanos. Me tienes a mí.
-Drake...¡Yo lo amaba!
                   La madre de Adrianne apareció en aquel momento. Fue ella la que presentó a Ashley y a Louis. La mujer se encargó de Adrianne. Dijo que la joven tenía que subir a acostarse porque necesitaba descansar un poco. Ashley y Louis se quedaron solos mirándose a los ojos con curiosidad.
-Lamento mucho que nos hayamos conocido en estas circunstancias-dijo Louis-Mi hermana me ha hablado mucho de usted.
-No le conozco-afirmó Ashley-Pero Adrianne me ha hablado mucho de usted. Sólo sabe halagarlo. Le quiere mucho.
-El cariño es mutuo. Nuestros padres llevan poco tiempo casados. Adrianne ha sufrido mucho por culpa de ese canalla que tenía por padre. No se merece lo que le ha pasado.
                     Ashley se sintió cómoda en compañía de aquel joven al que nunca antes había visto.
-Es la primera vez que acudo a un velatorio-le confió.
                     Sentía que se asfixiaba dentro de aquel salón lleno de gente vestida de negro y con gestos doloridos y serios. Alguien se había encargado de amortajar el cadáver del conde. Estaba pálido como la cera. Ashley se había mareado al verlo metido dentro de aquel ataúd abierto. Siempre había sido una chica alegre. Le gustaba ir a bailes y divertirse. Aquel velatorio era demasiado para ella. Louis lo intuyó, de modo que decidió sacarla del salón y llevarla al jardín.
-Le conviene tomar el fresco-le aseguró.
                         Ashley no estaba acostumbrada a asistir a velatorios. Se sentía poco menos que una inútil por no ser capaz de apoyar a Adrianne cuando ésta más la necesitaba. Era Adrianne quien estaba sufriendo. 
                           Ashley agradeció el poder salir al jardín. Louis y ella entablaron conversación.
-¿Por qué no le he visto antes?-le preguntó.
                     Louis le contó que estaba estudiando en la Universidad de Glasgow. Su padre era un influyente abogado. Y Louis quería seguir sus pasos. Dieron un paseo por el jardín.
-Yo acabo de ser presentada en sociedad este año-le contó Ashley-He viajado a Edimburgo.
                    Hablaron mientras caminaban por el jardín durante un buen rato.
-Pero confieso que me gustaría salir de Escocia-se sinceró Ashley-Me gustaría recorrer el mundo. Viajar.

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