miércoles, 6 de agosto de 2014

EL DIARIO DE SOPHIE

3 DE FEBRERO DE 1801

-No para de llover-se queja mi padre. 
                           Le veo de pie, frente al inmenso ventanal del salón. 
-¡No podré salir a dar un paseo!-se queja Titania. 
-Lo siento mucho, querida-se disculpa mi padre-El clima de Londres es así. No dista mucho del clima de Ullapool. 
                            Mi madre está intentando hacer un solitario en una mesa situada al fondo del salón. No consigue hacer bien el solitario. La oigo quejarse de las cartas. Mi padre dice que hemos de hacer algo para entretenernos. 
                             Me pide que interprete una pieza con el arpa. 
-¿Y qué quieres que toque?-le pregunto. 
-Interpreta una pieza bonita-respondió mi padre-Interpreta una pieza alegre. Interpreta una pieza que sirva para distraernos. 
                           Titania me coge de la mano. 
-¡Por favor, Sophie!-me implora-Tú tocas muy bien el arpa. Eres muy buena. 
-Estáis los dos exagerando-me ruborizo. 
                          Estoy sentada en el sofá, junto a Titania. Pero acabo poniéndome de pie. 
                          Cojo una silla de la mesa en la que está sentada mi madre. 
-Haz caso a tu padre-me indica. 
                           Coloco la silla junto al arpa. Me siento en la silla. Trato de recordar alguna melodía. 
                            De pronto...Me viene la inspiración. 
                           Interpreto una pieza que oí tocar a tía Fiona hace algún tiempo. A ella también se le daba muy bien tocar el arpa. De algún modo, intento que el espíritu de mi tía esté de nuevo al lado de Titania. De este modo, mi prima no estará tan triste. Deseo que esté contenta. Que tenga fuerza para levantarse y encararse con el mundo. 
                            Termino de interpretar la pieza. Todavía puedo escuchar las notas de la canción que he interpretado. 
                            No me he dado cuenta de nada. Tan sólo he sentido cómo las notas sonaban. Cómo la melodía fluía. Alzo la cabeza. Me encuentro con la mirada de Titania, que está fija en mí. Se acerca a mí corriendo. 
                            Sus ojos están llenos de lágrimas. Le cuesta trabajo hablar. No quiero que llore. No quiero que esté triste. Titania no me dice nada. 
                             Me besa en la mejilla y me da un fuerte abrazo. 

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