martes, 3 de junio de 2014

FRAGMENTO DE "LA MUJER SIN CORAZÓN"

Hola a todos.
Me encuentro deshojando la margarita sobre si seguir intentando autopublicar mis historias o tirar la toalla, no del todo, sino por algún tiempo.
Una de las ideas que tengo es que mi novela La mujer sin corazón vea la luz en alguna editorial de autopublicación. Ya ha estado en descarga gratuita.
De decidirme a autopublicarla, tardaría lo suyo en que viera la luz porque tengo otros proyectos en mente.
Cuenta la historia de amor entre Stephen y Mónica, ambientada en el Londres de 1930. Ella es una joven rebelde de buena familia, atormentada por un desengaño amoroso, que vive lejos de sus padres, trabaja como cocinera y utiliza a los hombres sólo para acostarse con ellos. Él es un apuesto libertino estadounidense al que la Gran Depresión le ha obligado a poner los pies en La Tierra, ponerse a trabajar y cambiar sus prioridades tras quedarse en la ruina. Stephen se enamora de Mónica y quiere que ella confíe en él. Aunque este amor es correspondido, deberá luchar contra los demonios internos de Mónica.
De momento, me gustaría alargarla un poquito porque pienso que está algo coja.
En este fragmento inédito, Mónica recibe la visita de su madre en su piso de Leeds.



-¿Qué te parece mi nuevo hogar, madre?-le preguntó Mónica a su madre cuando ésta fue a verla al día siguiente. Henriette llevaba diez minutos en el piso de su hija mirándolo de arriba abajo-¿A que es bonito? ¡Venga, no te quedes muda!
-No sé qué decir-balbuceó la mujer-Es pequeño.
-A mí me gusta. Lo he decorado a mi gusto. 
      Henriette se ruborizó. En la entrada, le había dado un fuerte abrazo a Mónica, como si hubiera estado en la guerra. Ahora, miraba el piso de su hija y se preguntaba si no habría cometido una estupidez al dejarla ir sin luchar.
-Es un piso demasiado pequeño para la hija de un noble como tú-afirmó. Mónica miró al techo- porque te has negado a que una de mis criadas se viniese a vivir aquí contigo. Pero…tú misma…has tomado una decisión y…
      Su hija se estaba encargando de convertir poco a poco aquel agujero en algo parecido a un hogar. Así llamaba Henriette al piso de Mónica: agujero. No tenía que estar ahí.
      En cambio, su hija estaba decidida a vivir sola en un piso que medía menos que el desván de su casa. ¿Podía ser feliz viviendo en aquel agujero? ¿Creía en serio que sería feliz? Henriette lo dudaba.
      Era como si menospreciara a toda su familia. Pero, con el mundo a punto de estallar en mil pedazos, ¿realmente importaba? La guerra estaba siendo cruel con todo el mundo y los nobles no eran ninguna excepción. Se estaban perdiendo las formas. Ya se habían perdido las buenas costumbres. Las chicas buscaban algo distinto. Mónica no quería ser una muñequita de salón. Quería ser autosuficiente.

      Su hija había pasado toda la mañana acabando de colocar las cosas en su sitio y había ido a la compra. Tendría que aprender a cocinar, aunque le costase. La ropa la iría planchando a medida que la fuera lavando. Los libros estaban colocados en la estantería. Mónica tenía la radio puesta de manera suave. Sonaba un estilo musical que la joven acababa de descubrir llamado jazz. Le gustaba. Era muy relajante. Un hombre tocaba el saxofón. Otro hombre tocaba el violonchelo. Otro hombre daba golpes suaves en la batería. Alguna trompeta sonaba…Le gustó la primera vez que puso la radio y lo escuchó. Era un poco más animado que el blues. Henriette arqueó la ceja al escuchar la música. ¿Desde cuándo Mónica escuchaba algo que no era música clásica? ¿Dónde iba a ir a parar el vals si todas las chicas decidían escuchar aquel estilo de música tan horrible? ¡Ni siquiera se oían los violines! El gesto agrio de Henriette hizo que Mónica se riese.

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