jueves, 15 de enero de 2015

EL SABOR DE LO PROHIBIDO

Hola a todos.
Aquí os traigo la segunda parte de mi relato El sabor de lo prohibido. 
Para que no resulte pesado, lo he dividido en varias partes, pero es un relato más bien corto y sencillo, aunque con su dosis de romanticismo.
Espero que os esté gustando.

                                En el techo del establo de los Livingston había un agujero. Cuando llovía, siempre se inundaba el establo.
                                Lorraine permaneció acostada sobre el lecho de paja mirando al cielo. Por suerte, sus tíos no tenían caballos. Habían adquirido la casa cuando se casaron y nunca habían comprado caballos. Desde donde estaba acostada, podía ver la Luna. Estaba en el Cuarto Menguante. En su imaginación, conectaba las estrellas las unas con las otras. Inventaba nombre de constelaciones.
-La constelación del Triángulo...-dijo-Parece un triángulo.
                            Miró a su primo Sebastian. Estaba acostado a su lado sobre el lecho de paja. Los dos miraban al cielo con aire soñador. Lorraine suspiró al apartar la vista de la figura de Sebastian. Tanto sus tíos como sus padres y sus hermanas estaban durmiendo en sus respectivas alcobas. Ellos habían aprovechado la oscuridad de la noche para ir al establo. Se oyó alular a una lechuza. Buscaría comida.
-Cuando mi corsario me rapte, pasaremos las noches mirando las estrellas-afirmó Lorraine.
-¿De verdad sueñas con ser raptada por un corsario?-se extrañó Sebastian-Los corsarios que hay están escondidos porque los persigue la Justicia.
-Entonces, eso nunca pasará.
                          Ambos escucharon el susurro del río Támesis a su paso por la isla. Los animalitos que vivían en la isla estaban dormidos en sus madrigueras. Tan sólo Sebastian y Lorraine estaban despiertos.
                        La chica se bajó la falda, que se le había subido hasta las rodillas.
-Yo podría ser ese corsario-se ofreció Sebastian-Algún día, viviré una gran aventura.
                        Lorraine esbozó una sonrisa y acarició con su mano el cabello de su primo. Se sentía muy feliz compartiendo aquel momento con él. Lo cierto era que disfrutaba mucho de la compañía de Sebastian, el único que entendía sus sueños.
-Tú no tienes pinta de corsario-replicó Lorraine.
-¿Y cómo tiene que ser un corsario?-le preguntó Sebastian en tono retador.
-Tiene que ser de otra manera. Pero tú no podrías serlo.
                      Para sus adentros, Lorraine tuvo que reconocer que su primo se había convertido en un joven muy atractivo. Era alto y esbelto, pero estaba bien desarrollado. Su cabello era de color castaño oscuro. Y sus ojos del mismo color que el cabello tenían un brillo alegre.
                      A Lorraine le sentaba mal ver a Lilian besando a Sebastian en las mejillas cuando se iba a la cama. La regañaba por su comportamiento. Pero Lilian pensaba que su hermana estaba demasiado entontecida por las novelas románticas que solía leer. Veía fantasmas por todas partes.
-Nuestro primo se ha convertido en un joven muy atractivo-le recordaba Lilian-Antes o después, el amor llegará a su vida. Y se casará.
                         Pero, en aquel momento, Sebastian estaba acostado al lado de Lorraine y ella no quería pensar en aquella posibilidad. Cuando visitaba a sus tíos, no sentía el menor deseo de regresar a Londres. Sebastian era el único que no se reía de ella.
                       Podía hablar de cualquier tema con él. La escuchaba con atención. Los dos tenían la misma edad. Desde siempre, habían estado muy unidos. Jugaban juntos cuando el uno iba a visitar al otro. De ellos decían que eran como uña y carne. Lorraine y Sebastian intercambiaban confidencias. Se guardaban a muerte los secretos del otro.
                      Lorraine tenía sus fantasías. Pero era consciente de que debía de dejarlas a un lado. Ya no era ninguna niña. Había tenido su primera temporada en sociedad y había rechazado tres suculentas ofertas de matrimonio.
                    De haber aceptado la primera oferta de matrimonio que le hicieron, probablemente, Lilian no tendría que estar abocada a un matrimonio que no quería, pero al que se había resignado.
-¡Soy una estúpida!-se lamentó Lorraine.
-¿Por qué dices eso?-se extrañó Sebastian.
-He caído en la cuenta de que Lilian se va a casar por mi culpa. Aunque ella diga que lo acepta, sé bien que no quiere casarse.
-Sinceramente, creo que Lilian no será feliz en su matrimonio con mister Bogart. Todavía es muy joven. Mi tío tendría que reconsiderarlo.
                          Lorraine miró al cielo y pensó que Lilian habría mirado las estrellas en más de una ocasión en busca de consuelo para algo que se le antojaba absurdo. Lilian, a pesar de que era, en muchos aspectos, todavía una niña, era mucho más madura que la propia Lorraine.
                          Volvió a mirar a Sebastian. ¿Por qué no se había dado cuenta antes?, se preguntó con nerviosismo.
                         Su corazón latía a gran velocidad cuando estaba cerca de Sebastian. Incluso, le temblaban las piernas cuando él se le acercaba a saludarla. Era cierto que comía bien. Que dormía perfectamente por las noches. Pero no podía disimular que sentía una especie de revoloteo en su estómago. Ahora, le estaba ocurriendo.
                       Sus sueños de ser raptada por un corsario eran eso. Sólo sueños...Lo que estaba sintiendo era real. Peligrosamente real...
-¿Te has enamorado alguna vez, Rainie?-le preguntó Sebastian a su prima-No estoy hablando de las novelas.
-No he conocido a caballeros durante mi temporada en sociedad que merezca la pena recordar-respondió Lorraine-A decir verdad, el único chico que conozco que merece la pena eres tú. Siempre me estás haciendo reír. Yo te seguía en todas las travesuras que hacías. Por lo menos, nos castigaban juntos. Era mi mayor consuelo. Me animas con los comentarios que haces. Y busco algo así para cuando me case. Estoy pidiendo demasiado.
-A decir verdad, yo también pido lo mismo. Quiero enamorarme de una mujer que sea como tú.
-¿Lo dices en serio?
                             La luz de la Luna se filtró por el agujero del techo del establo. A pesar de que sus rayos eran débiles, iluminaron la silueta de Lorraine.
-Estoy diciendo la verdad-contestó Sebastian.
                           Contempló arrobado a su prima. No debía de mirarla así.
                           Pero Lorraine se había convertido en toda una belleza. Era un ser angelical. Dulce...
                           Con su largo cabello de color dorado...Con sus ojos de color azul cielo...
-¿Y qué me dices de ti?-indagó Lorraine-¿Has estado alguna vez enamorado? Has venido a visitarme a Londres muchas veces.
-No me gusta ir a bailes y no he tenido la oportunidad de conocer a chicas-contestó Sebastian-Ir a burdeles me repugna. Intenté ir a uno una vez. No llegué a entrar.
-¿Me estás diciendo que eres virgen?
-Sí...¿Te parece raro?
                       El rostro de Sebastian estaba enrojecido.
                       Lorraine se sintió rara al sentir alivio al escuchar la confesión que acababa de hacerle su primo. Ella también era virgen. Sin embargo, no sabía el porqué le parecía tan importante el saber que Sebastián era virgen. La experiencia que tenía Lorraine con los hombres era prácticamente nula. Podía fantasear con vivir un apasionado romance con un corsario apuesto y misterioso.
                        Pero otra cosa era la vida real. Sebastian era un joven de carne y hueso. Era tan real como lo era ella.

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