lunes, 29 de diciembre de 2014

LA LLAVE

Hola a todos.
Aquí os traigo el penúltimo fragmento de mi relato La llave. 
Espero que os esté gustando.
¡Vamos a ver lo que pasa hoy entre Paloma y Raúl!

                                Raúl regresó a mediados del mes de noviembre a la isla de Lobos. La noticia de su regreso no tardó en correr como la pólvora por toda la isla. Margarita, nada más enterarse, corrió a la casa de Paloma a contárselo. La muchacha pensó que se trataba de una broma. Pero no tardó en creérselo cuando Raúl fue a visitarla a su casa.
                              Y la besó de manera larga y apasionada en el recibidor.
                              A partir de aquel momento, la relación entre ambos cambió. Paloma reflexionaba sobre ello en cuanto se quedaba a solas.
                              Raúl parecía cortejarla. Iba a visitarla a su casa.
                              Cuando salían a dar un paseo por La Hoya de las Lagunitas, Raúl aprovechaba para robarle un beso a Paloma.
                               Aquella situación se prolongó por espacio de un mes.



                        Las casas de los padres de ambos limitaban. Paloma y Raúl se conocían desde hacía muchos años. De niños, habían jugado juntos. Se subían juntos a los árboles para leer un libro. Al llegar a la adolescencia, Raúl y Paloma siguieron siendo inseparables. La dote de la chica era bastante abultada. Con su cabello rizado de color castaño, con su figura alta y delgada y con su piel blanca, Paloma se había convertido en toda una belleza. Causaría sensación cuando fuera presentada en sociedad. El padre de Paloma quería casarla con un buen partido.
            Paloma y Raúl seguían siendo buenos amigos. El uno sentía que el otro era el único que le comprendía. Se contaban sus secretos. Intercambiaban confidencias. Pero habían crecido. De algún modo sutil, Paloma intentaba separar su vida de la de Raúl. Intuía que, cuando fuera presentada en sociedad, sus caminos acabarían separándose. Pero Raúl se resistía a perder aquella amistad tan valiosa para él.
            El momento se estaba posponiendo. Los padres de la joven querían enviarla a la Península. Pero la Península estaba en guerra.
            Paloma, en el fondo, agradecía el no tener que abandonar Lobos. Se habría sentido una extraña estando fuera de allí.
            Sin embargo, el uno era para el otro mucho más que un buen amigo. Se ponían nerviosos cuando estaban juntos. Paloma le hurtaba la vista cuando Raúl intentaba decirle algo que no quería escuchar. Antes, quería verle para poder hablar con él. Sin embargo, cuando Raúl y su familia se instalaron en la casa de los tíos de la esposa del joven, Paloma empezó a evitar a Raúl. Decía que si quería hablar con ella, debía de hacerlo en presencia de su doncella. Y Raúl no se atrevía a declararse a Paloma delante de aquella cotorra chismosa.
            Entonces, el muchacho determinó que tenía que hablar con ella fuera como fuera. El ama de llaves de los padres de Paloma era una mujer de carácter muy enérgico. Sin embargo, se derretía en cuanto empezaba a hablar con Raúl. Se decía que aquella mujer había estado perdidamente enamorada de un tío del chico. Y Raúl era el vivo retrato de aquel tío suyo, fallecido en Francia cuando Napoleón regresó allí tras escapar de la isla de Elba. Fue fácil conseguir robarle la llave de la habitación de Paloma. Luego, se dijo así mismo que había cometido un acto detestable. Pero tenía que ver a Paloma a solas. Era preciso que ambos hablaran.
            Al día siguiente,  mientras daban un paseo por la Playa de la Caleta, Raúl apartó a Paloma ligeramente de su doncella. No quería entrar en la habitación de la muchacha sin previo aviso y asustarla.
-Tengo que contarte una cosa-le dijo-Me he hecho con la llave de tu habitación.
-¡Cielo Santo, Raúl!-exclamó Paloma, muy nerviosa-¿Cómo se te ha ocurrido hacer eso?
-Tengo que hablar contigo. Y necesito hacerlo a solas, sin que tu doncella esté delante.
-Pero, Raúl. ¡Intenta ser razonable, por Dios! ¡No puedes colarte en mi habitación así como así! ¡Nos vas a poner en un compromiso a los dos!
-No sé qué hacer, Paloma. Por un lado, quiero hacerlo. Por el otro lado, tengo miedo de lo que pueda pasar. Sólo sé una cosa. Y es que eres la persona más importante de mi vida y no quiero hacerte daño.
-¿Y qué pasa con Lorena? ¿Tan pronto te has olvidado ya de mi prima?
-Me he dado cuenta de que lo sentí por Lorena no es ni una décima parte de lo que siento por ti.
-¡Lo que dices es un disparate! Raúl, trata de ser razonable.
-¡Estoy siendo razonable! Lorena nos da su visto bueno. Lo sé.
            Paloma miró hacia donde estaba su doncella. Ésta parecía no haberse enterado de nada.
            La cena transcurrió con total normalidad. Los padres de Raúl y de Paloma hablaron de política. Y las madres de Raúl y de Paloma hablaron de trivialidades. Sólo Raúl y Paloma guardaron silencio. Casi ni se miraron.
            Aquella noche, la joven retiró temprano a su habitación.
            La doncella la ayudó a quitarse el vestido que había llevado puesto. Le soltó su cabello oscuro. Se lo cepilló.
            Paloma no se acostó. Cerró la puerta con llave. Se sentó en la cama con las manos cruzadas en el regazo. Miraba hacia la puerta cerrada. Y se preguntaba si Raúl sería capaz de colarse en su habitación. Por un lado, deseaba que hiciera aquello. Por el otro…Su sentido común trataba de imponerse. Se puso de pie y empezó a pasearse de un lado a otro de la habitación.
            Mientras tanto, en su habitación, Raúl jugueteaba con la llave del cuarto de Paloma. Se preguntaba una y otra vez el porqué había cedido a aquel impulso. Con aquellas llaves en su poder, podría entrar en su habitación. ¡Y sólo Dios sabía lo que pasaría una vez que estuvieran solos! Aún estaba a tiempo de no cometer aquel disparate. Pero no sabía qué hacer. Se debatía entre ir y no ir. Se debatía entre escuchar a su cabezo o escuchar a su corazón.
            Segura de que Raúl no acudiría, Paloma se acostó. Intentó conciliar el sueño. Sin embargo, no tardó en escuchar cómo alguien abría la puerta de su habitación con la llave.
-¿Raúl?-inquirió Paloma.
            Se sentó en la cama.
-Soy yo, Paloma-contestó la voz inconfundible de Raúl.
            Se ha vuelto loco, pensó Paloma. Pero su corazón empezó a latir muy deprisa.
            ¡Había venido!
            Raúl se sentó en la cama, junto a Paloma. Ella supo que no podía seguir reprimiendo por más tiempo aquel momento.
            Raúl empezó a hablar y le confesó a Paloma que ella era su razón de ser. Que no podía vivir si ella no estaba a su lado. Entonces, la joven le confesó que le pasaba lo mismo. Los dos estaban perdidamente enamorados.
            Él empezó a acariciarle la espalda. La besó repetidas veces en las mejillas. La besó en los labios. Su mirada estaba cargada de intensidad. Raúl se despojó de su camisa corta de dormir. Y le quitó el camisón a Paloma.
-Eres muy hermosa-le aseguró.
-Tú también eres muy apuesto-sonrió Paloma.
            La recostó sobre la cama. La besó con auténtica pasión. A pesar de la inexperiencia de ambos, parecían obrar como por inercia. Las manos del uno acariciaban el cuerpo del otro. Se quedaron sorprendidos de la pasión que se demostraban.
            Raúl empezó a besar a Paloma en el cuello. La besó repetidas veces en los hombros. Sus labios descendieron por la línea del escote de la chica. Se quedó mirando sus pechos. Eran los primeros pechos que veía. Paloma no se asustó al sentir la excitación de Raúl.
            El joven empezó a besar los pechos de Paloma. Chupó sus pezones. Ella se sintió extraña al ver a Raúl con un pecho suyo metido dentro de su boca. Las manos de Paloma cobraron vida propia y empezaron a recorrer el cuerpo de Raúl. Lo besó en la boca con intensidad. Quería acariciarle.
Raúl era un joven que estaba bien formado físicamente. Tenía algo de vello en el pecho. Dieron la vuelta y Paloma se metió una tetilla de Raúl en la boca. Le acarició el vientre con la yema de los dedos. Le oyó gemir de placer. Estaba realmente excitado.   
Raúl invadió el cuerpo de Paloma con fuerza. No se dio cuenta de que era virgen. Pero ella apenas sintió dolor. Los dos hacían un gran esfuerzo por no ponerse a gritar. Paloma rodeó con sus piernas las caderas de Raúl. Él entraba y salía del interior de ella. Paloma lo abrazó con fuerza. La explosión de placer que les inundó les sorprendió a ambos.
Acabaron exhaustos. Raúl se apartó de Paloma para no aplastarla con su cuerpo. Los dos esperaron a que sus respiraciones se tornaran normales. Se miraron y se sonrieron. Raúl le confesó que no lamentaba nada de lo que había pasado. Y Paloma le contestó que a ella le pasaba lo mismo.
Fue ella la primera en quedarse dormida.
Raúl tardó más tiempo en quedarse dormido. No lamentaba ya el haber robado aquella llave. Porque le había servido para descubrir la verdad. Para confirmarse así mismo la certeza de que Paloma lo amaba. ¡Y él la amaba a ella!
Cerró los ojos. El escándalo que se organizaría sería terrible. Pero Raúl estaba dispuesto a casarse con Paloma. Porque la vida sin ella carecía por completo de sentido.
Fue el primero en despertarse.
Paloma lo estaba mirando con los ojos muy abiertos.
Se habían quedado dormidos abrazados. Paloma empezó a besarle de nuevo. Y Raúl tornó a recorrer con sus labios la sedosa piel de la chica.
Desde aquella mágica noche, permanecieron siempre juntos. Aquel amor había nacido con el paso de los años y había estallado en una apasionada noche. Su amor no tendría fin. De alguna manera, sabían que su destino era permanecer siempre juntos. 

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