domingo, 26 de enero de 2014

FRAGMENTO DE "JANE EYRE"

Hola a todos.
Hoy, me gustaría compartir con vosotros un fragmento de una de las mejores novelas que jamás he leído, Jane Eyre. 
No se trata sólo de la historia de la institutriz que está enamorada de su patrón. Hay algo más en esta historia.
Está Jane, una mujer decidida y llena de dignidad que lucha contra el mundo. Contra una tía que le hace la vida imposible. Contra la dura vida en el colegio al que la llevan. Contra la hipocresía...
Es una historia preciosa y potente.
La recomiendo encarecidamente.

-Entonces, ¿me considera usted un bellaco? -dijo con vehemencia-. Usted se convencerá, incrédula. ¿Acaso amo a Blanche Ingram? No, y usted lo sabe. ¿Acaso me ama ella a mí? No, y me he preocupado de comprobarlo. He hecho llegar hasta ella el rumor de que mi fortuna no era ni la tercera parte de lo que se suponía, y luego me he presentado a Blanche y a su madre. Las dos me han acogido con frialdad. No puedo, ni debo, casarme con Blanche Ingram. A usted, tan rara, tan insignificante, tan vulgar, es a
quien quiero como a mi propia carne, y a quien ruego que me acepte por esposo.
-¿A mí? -exclamé, empezando a creerle, en vista de su apasionamiento y, sobre todo, de su ruda franqueza-. ¡A mí, que no tengo en el mundo otro amigo que usted, si es que usted se considera amigo mío, y que no poseo un chelín, no siendo los que usted me paga!
-A usted, Jane. Quiero que sea mía, únicamente mía. ¿Acepta? ¡Diga inmediatamente que sí!
-Mr. Rochester, déjeme mirarle la cara. Vuélvase de modo que le ilumine la luna.
-¿Para qué?
-Porque quiero leer en su rostro.
-Bien; ya está. Creo que mi rostro no le va a parecer más legible que una hoja tachada, pero en fin, lea lo que quiera, con tal de que sea pronto.
Su faz estaba muy agitada. Tenía las facciones contraídas y una extraña luz brillaba en sus ojos.
-¡Me tortura usted, Jane! -exclamó-. Por muy franca y bondadosa que sea su mirada, me escudriña de un modo...
-¿Cómo voy a torturarle? Si dice usted la verdad y su oferta es sincera, mis sentimientos no pueden ser otros que los de una gratitud infinita. ¿Cómo voy a torturarle con ella?

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