lunes, 21 de diciembre de 2015

VOLVER A AMAR

Hola a todos.
Me siento bastante motivada a seguir escribiendo este relato.
¡Vamos a ver cómo prosigue la historia de amor entre Anna y Gaston!

                      Era una maravilla el poder recibir los besos de Anna.
                      Durante los días siguientes, Anna y Gaston se encontraron a la orilla del río Támesis.
                      Se desnudaban el uno a la otra al tiempo que empezaban a besarse y a acariciarse.
                      El uno le devolvía a la otra todos los besos que le daba. Se abrazaban con fuerza. Gaston cubría de besos la suave piel de Anna. Disfrutaba besando su cuello.        
                      Los rumores de que Gaston y Anna eran amantes empezaron a circular por toda la zona. No sólo se hablaba del asunto en la isla. Se hablaba en el condado de Oxfordshire. Los vizcondes de Durham empezaron a ponerse nerviosos.
                            Lord Durham confiaba en casar a Anna con un buen partido. Anna era una joven realmente hermosa. Londres estaba repleto de buenos partidos que estarían encantados de casarse con ella.
                           Gaston venía de familia humilde. Y su suegro había sido el proxeneta más famoso de todo el Soho londinense.
                            Y, encima, era francés. Había luchado al lado de Napoleón. No disimulaba la simpatía que sentía hacia el depuesto Emperador. Desde luego, no querían a alguien así como yerno.
                            Aquella relación también llegó a los oídos del matrimonio Ivers. Era algo que iba a ocurrir antes o después. Mistress Ivers no terminaba de asumirlo. Quería muchísimo a Gaston. Había hecho muy feliz a su adorada Belinda.
                           Por ese motivo, no terminaba de asumir que había otra mujer en la vida de su yerno.
-Dime que no lo apruebas-le pidió a su marido.
                           Habían salido a dar un paseo por la isla.
                          Mister Ivers estaba pensativo. Creía que no le dolería tanto saber que su yerno había rehecho su vida con otra mujer. Pero Gaston iba en serio con Anna. Así se lo había expuesto. Decidió ir a ver a sus suegros y contarles que se había enamorado de la hija de los vizcondes de Durham.
-Nuestra Bel vale mucho más-añadió mistress Ivers-Era mucho más guapa. Tenía el porte de una señora. ¿No lo recuerdas?
-La hija de lord Durham también es hermosa-opinó mister Ivers.
-¡Eres un necio!
-Silvia...Esto me ha destrozado. Pero no puedo ser egoísta.
-Lo sé.
-De haber vivido nuestra pequeña, lo habría entendido. Bel se preocupaba por los demás. Era muy noble.
                              Gaston fue a visitar a los vizcondes. Sin embargo, se encontró con una negativa.
-Lord Durham no desea verle-le comunicó el mayordomo que le atendió en el umbral de la puerta-Y tampoco desea que siga viendo a su hija.
                             Las discusiones empezaron a ser muy frecuentes en el hogar de los vizcondes. Lord Durham amenazaba a Anna con enviarla a un convento si seguía viéndose con Gaston. Anna se abstuvo de contarle a su padre que ya no era virgen. Le habría dado un soponcio de haberlo sabido. Lady Durham trató de hacer entrar en razón a su hija.
                            Su hermanita Kate era la única que la apoyaba. En una ocasión, Anna salió de casa sin ser vista.
                            Se llevó a Kate con ella. Las dos se encontraron con Gaston a la orilla del río Támesis.
                            A solas con su hermana mayor, Kate le confesó que le caía bien Gaston. Le pareció que era un joven agradable. Que se le notaba en la mirada lo enamorado que estaba de Anna.
                            La joven se sintió mejor. No contaba con el apoyo de sus padres. Al menos, su hermana la apoyaba.
                           Gaston acudió a visitar a los Ivers. Una espesa niebla cubría toda la isla. Se encontró en el saloncito con mister Ivers. Mistress Ivers, por el contrario, se había retirado. Alegó que le dolía mucho la cabeza.
-Me parece que mi relación con lady Anna la ha disgustado-atacó Gaston-Lo siento mucho. Las cosas están siendo mucho más complicadas de lo que yo pensaba. Lord Durham está furioso. No quiere que esté cerca de su hija.
-¿De verdad estás enamorado de esa joven?-le preguntó mister Ivers-No quiero poner en duda tus sentimientos.
-Teme escuchar mi respuesta, señor.
-Sólo quiero que seas sincero conmigo. ¿La amas?
-La amo más que a mi propia vida, señor.
-Entiendo.
                          La contestación de Gaston destrozó a mister Ivers. No quería indagar en los sentimientos de su yerno hacia Belinda. No quería ser egoísta.
                         No dejaba de dolerle. Mister Ivers adoraba a su hija. Su vida había sido miserable. Lo único realmente bonito que le había ocurrido había sido el nacimiento de Belinda.
-Le ruego que me perdone, señor-se disculpó Gaston.
-Lo entiendo-suspiró mister Ivers.
                          Gaston recordaba las veces en las que había cogido la mano de Belinda. Las veces en las que había besado su mano. El deseo que había despertado en él de besar sus labios. Las veces en las que la había besado. La sensación que le embargaba de que, en realidad, Belinda se había dejado besar por él. No correspondía a los besos que le daba.
-Sé feliz-añadió mister Ivers.
                        Gaston pensó que, por el contrario, Anna sí correspondía a todos los besos que él le daba.



                           A la tarde siguiente, Anna salió de su casa poniendo la excusa de que iba a visitar a una amiga. En realidad, fue a encontrarse con Gaston. Él la estaba esperando detrás de un árbol. Anna agradeció el poder vivir en Buck Ait. Los árboles cubrían toda la isla. Les permitía esconderse.
                          Anna estaba furiosa con sus padres. ¡No le permitían estar con Gaston!
                          Los dos se besaron de manera golosa nada más verse.
-Mis padres tienen que entender que nos amamos-afirmó Anna.
-He intentado hablar con ellos-le confió Gaston.
-Pero no quieren verte.
                          Anna y Gaston se sentían frustrados. Sentían el deseo de permanecer juntos para siempre. Esto debe de ser el amor, pensó la joven.
                          Para ella, era algo maravilloso el poder encontrarse con Gaston y disfrutar de los besos que él le daba.
                          Volvieron a encontrarse al día siguiente. Anna pudo salir de casa sin ser vista. Sus padres se habían retirado a dormir la siesta. Kate estaba recibiendo su lección diaria con su institutriz. Se trataba de una mujer de unos sesenta años natural de Bicester.
-Me gustaría irme contigo lejos de aquí-le confesó Gaston-Podríamos casarnos en la Vieja Herrería. ¿Qué te parece?
-Nunca he pensado en fugarme-contestó Anna.
-¿No te gustaría celebrar nuestra boda en un pueblo tan bonito como Gretna Green?
-Sería una verdadera locura.
-Veo que la idea de que nos fuguemos juntos te incomoda.
-Siempre he soñado con mi boda.
-¿Y te gustaría casarte y celebrarlo por todo lo alto?
-No...Pero quiero que mis padres estén presentes. Que vean cómo me caso.
-Te entiendo.
-Y quiero que mi padre sea mi padrino. Es ése mi sueño. Te amo, Gaston. Y nunca podría renunciar a ti.
                         Gaston besó a Anna con ternura.
                         Entendía muy bien los sentimientos de la joven. No quería obligarla a hacer nada que no quisiera hacer.
-Intentaremos entre los dos que tus padres entren en razón-le prometió-Celebraremos la boda que tú quieras.
-¿Me estás pidiendo que me case contigo?-le preguntó Anna, atónita.
                        Gaston guardó silencio. ¿Acaso le estaba pidiendo matrimonio a Anna?
                        No le cabía la menor duda de que la amaba con todas sus fuerzas. Sin embargo, las cosas estaban ocurriendo muy deprisa. Se sentía mareado. No supo qué responder. Sólo podía sentir fijos sobre él los hermosos ojos de Anna.

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