lunes, 6 de julio de 2015

EL DIARIO DE CRISTINA

Hola a todos.
Hoy, empiezo a subir a este blog un nuevo proyecto en el que quiero meterme más a fondo en cuanto pueda porque lo considero bastante interesante.
De momento, no puedo decir más nada. Lo iréis viendo poco a poco. Es muy delirante y surrealista, pero, al mismo tiempo, muy interesante.

6 DE JULIO DEL 2013

                                  El cementerio de la Almudena está casi vacío cuando Vanessa y yo entramos. Para ella, resulta muy doloroso visitar la tumba de su hijo mayor. 
                                  Era apenas una adolescente cuando tuvo a Alex. Lo ha sacado adelante con mucho esfuerzo. Durante años, fue su vida. No tuvo a nadie a su lado, excepto a él. Trabajó durante mucho tiempo limpiando escaleras. No podía contar con su familia. Todos son muy liberales hasta que te ocurre algo. Fue el caso de Vanessa. 
                              Tardó mucho en volver a enamorarse y tuvo más hijos. Pero Alex era especial. Es su hijo mayor. Era su ojito derecho. Era su todo para ella. 
                              ¿Por qué tuvo Dios que llevarse a Alex tan pronto de nuestro lado? Es una pregunta que me hago mientras contemplo su lápida. 
                              ¿Por qué se empeñó en ir a las islas Columbretes? Recuerdo que me habló acerca de un anime que veía en Youtube. Alex tenía una amplia colección de mangas en su cuarto. 
                              Nos conocimos en la Facultad de Periodismo. 
                             Alex estaba considerado como el chico más atractivo de todo el campus. Su dulzura me cautivó cuando nos sentamos juntos en la misma aula. 
                             La forma que tenía de pasarme un apunte cuando se lo pedía. O su pasión cuando hablaba de su hobbie favorito (leer mangas, ver animes y jugar a videojuegos) me cautivaron. Yo siempre pensaba que ver animes era como ver dibujos animados más que hechos en Japón. El único anime que realmente me llegó a gustar fue Bola de Dragón. 
-¡Se fue a las Columbretes por una tontería!-exclama Vanessa, con la voz desgarrada-¡Mira que se lo dije! ¡Es una tontería! ¿Cómo que lo que estaba viendo estaba inspirado en un hecho real? ¡No vayas, Alex!¡Pero no me hizo caso! ¡Y mira!
                            Alex me habló de sus proyectos. 
                            Yo pensé que se había vuelto loco. 
                            No entendía muy bien lo que decía en los últimos días que pasamos juntos. Hablaba sin parar del último anime que estaba viendo en Youtube. Estaba subtitulado en español. 
                             Su familia pasaba los veranos en Castellón. Desde el lugar donde se bañaban, se podía ver el archipiélago de las Columbretes. A Alex le gustaba investigar sobre los lugares por los que iba. Se sabía de memoria la historia de nuestra Universidad, la Complutense. 
                            No había visitado nunca antes las islas Columbretes. Pero decidió ir este verano. Le habían contado durante las vacaciones de Semana Santa, que las pasamos allí (me invitó a ir con su familia) una extraña historia relacionada con las Columbres. Una historia que Alex, a su vez, me la contó. Por supuesto, no me la creí. Me pareció demasiado disparatada. 
                            Contemplo la lápida donde yace Alex. Intento no pensar en cómo murió. 
                            Quiero recordar sólo las cosas buenas de él. 
                            Como la primera cita que tuvimos. Fuimos al cine a ver Thor. 
                             O el primer beso que nos dimos. 
                            Fue en nuestra primera cita. 
                             Hasta aquel momento, no me había considerado nunca una joven lanzada. Pero, cuando empecé a salir con Alex, me di cuenta de que habíamos nacido para estar juntos y pensaba que nunca nos separaríamos. Durante dos años, fuimos novios y amantes. Fuimos todo eso y mucho más. 
                              Mis experiencias en el terreno amoroso habían sido más bien escasas. Alex tampoco había tenido mucha suerte en el amor. Fue él el que tomó la iniciativa y me abordó por los pasillos de la Facultad. Me invitó a ir al cine con él. 
                             Después de aquella primera cita, tardamos menos de una semana en acostarnos juntos por primera vez. No me arrepiento. Jamás me arrepentiré del tiempo que estuvimos juntos. 
                             Él sabía derretirme con sólo besarme. 
                             Nos abrazábamos en mitad de los pasillos. 
                             Él me mandaba flores todas las semanas. Íbamos a la disco a bailar. Íbamos a tomar algo al Burger King. Habíamos hablado de irnos a vivir juntos este otoño. 
                             Yo disfrutaba en la cama con Alex. Si he de ser sincera, Alex ha sido el único chico con el que he estado. 
                            No soy ninguna mojigata. He salido con otros chicos antes de salir con él. Sin embargo, ninguno de esos chicos ha despertado ningún deseo en mí. Nunca he sentido con ellos lo que sentí cuando conocí a Alex. 
                            Los únicos momentos en los que sentía vergüenza de él era cuando se disfrazada de algún personaje de manga o de anime (hacer cosplay, como lo llamaba él). No entendía aquella afición desmedida. Yo, en el fondo, sentía celos de esa afición porque lo alejaba de mi lado. 
                            Disfrutábamos mucho en la cama, donde yacíamos desnudos y donde nos besábamos de forma desenfrenada. 
                             A Alex le gustaba mucho lamer mi cuello, de igual manera que se come un helado. O chupar mis pezones, igual que un bebe cuando mama. 
                           Eso me volvía loca. Y él lo sabía. 
                           Siempre lo ha sabido todo de mí. 
                          Alex había estado antes con una chica, Carla. Fueron novios cuando estaban estudiando el Bachillerato. 
                           La situación de Carla era muy similar a la de Alex. También era hija de madre soltera. Y su madre había rehecho su vida con otro hombre con el que había tenido más hijos. 
                          Se sintieron muy unidos. Sin embargo, Carla siempre había sido muy religiosa. Decía que se debatía entre su deseo de servir a Dios. Y su deseo de quedarse junto a Alex. 
                          Carla y Alex llegaron a hacer el amor en varias ocasiones. Ella se entregó a él porque lo deseaba. A veces, le decía que era un Diablo. Que quería tentarla. 
                           Pero no dudaba en dejarse llevar cuando él la besaba. 
                           Alex quedó destrozado cuando Carla le comunicó su deseo de ingresar en un convento. Sus amigas pensaron que se había vuelto loca. 
                           Apenas obtuvo el título de Bachillerato, Carla ingresó en un convento. 
                          Fui a ver a Carla al día siguiente del entierro de Alex. Ingresó en el convento de las Trinitarias Descalzas, situado en la Calle Lope de Vega. 
-El Diablo...-dijo Carla cuando le conté lo ocurrido-¡Él ha tenido la culpa! ¡Se ha llevado el alma de Alex! 
                         Mi novio viajó a Castellón a finales del mes pasado. En la noche de San Juan, alquiló una barca. Pensaba ir a una de las islas que forman el archipiélago de las Columbretes. La barca nunca llegó a su destino. 
                         Al día siguiente, un hombre había salido con su yate a dar una vuelta acompañado por su familia. Encontró una barca navegando a la deriva. 


-Había dos cadáveres en su interior-le conté a Carla cuando estábamos conversando en el locutorio del convento-Uno pertenecía al dueño de la barca. El otro...
-Pertenecía a Alex-me interrumpió ella-Y nadie sabe lo que ocurrió. 
-No había signos de violencia. 
-El Diablo sabe muy bien lo que se hace. 
-No creo que haya sido obra de Satanás. Ha sido una desgracia. 
-No sabes lo que ocurrió. Tú no estabas allí. Yo también quiero a Alex. Sé lo que le pasó. 
                               Me obligo a mí misma a regresar al presente. Carla es ya novicia en el convento de las Trinitarias Descalzas. Una vez, oí decir que estaba mal de la cabeza. Quién lo dijo fue una vecina mía, cuya hermana es también novicia en el convento. La hermana se lo comentó y dijo que le daba terror hablar con la hermana María del Carmen (nombre religioso de Carla). 
-Está loca-afirmó mi vecina. 
                              Tanto Vanessa como yo estamos llorando. Lloramos la pérdida inútil del joven que lo ha significado todo para nosotras. 
                              Vanessa ha perdido a su hijo mayor. Yo he perdido al amor de mi vida. 
-Nunca dejaré de quererte, mi niño-le dice a la fría lápida de mármol. 
                              Está inscritos en ella el nombre de Alex, su fecha de nacimiento y su muerte. No quiero mirar esa lápida porque me recuerda que se ha ido para siempre. 
-¿Qué te ocurrió, Alex?-le pregunto. Mi voz es apenas un susurro-¿Qué fue lo que realmente pasó en esa barca? No entiendo nada. 
                               Creo que nunca entenderé lo que ha pasado. 
-Gracias por haber querido tanto a mi niño-me dice Vanessa-Muchas gracias, Cris. 
-Nunca dejaré de querer a Alex-le prometo. 
                             Aunque me siga doliendo su muerte, tan absurda. 

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