lunes, 14 de octubre de 2013

SABÍAS QUÉ...

Hola a todos. 
El sabías qué de hoy viene ilustrado. 
Os quiero enseñar una imagen. 



Son muchos los que dicen que esta imagen pertenece al que se considera el primer ordenador de la Historia. Ya sé que no tiene nada que ver ni con los modernos ordenadores portátiles de pantalla plana ni con los ordenadores antiguos que hemos visto en la tele, que carecían de ordenador y ejecutaban órdenes mediante comandos.
Apareció entre los restos de un barco antiguo que fue encontrado en el año 1900.
Consta originalmente de 13 pulgadas de alto, 7 pulgadas de ancho y 3 de profundidad. Se cree que data de hace 2.000 años. Consta de un complejo mecanismo.
Durante años, se ha estado especulando para qué servía este objeto tan extraño.
Consta de lo siguiente:
-Aparece en la parte frontal los ciclos solar y zodiacal con punteros que indican las fases lunares y la posición del Sol.
-En la parte trasera aparece un dial que indica el progreso del ciclo Saros (un ciclo de 18 años en el cual La Tierra, el Sol y la Luna vuelven a sus posiciones relativas en el espacio).
-En la parte trasera aparece otro dial que indica el ciclo Callippico (un calendario que marca un ciclo que abarca 76 años).
Hay quien afirma que este curioso mecanismo podría ser el primer ordenador de la Historia.
¿Verdad que es curioso?
Os dejo con una serie de imágenes de este mecanismo.

 Dibujo de su interior.





martes, 3 de septiembre de 2013

CONTINUACIÓN DEL BORRADOR

Hola a todos.
¿Os acordáis del borrador de un cuento que subí a este blog hace poco? Cuenta la historia de unos australopitecos. Aquí os traigo la continuación.
Es muy cortita.

                        El australopiteco estaba aprendiendo de la envidiable relación que existía entre entre uno de los miembros del grupo y una hembra. Era uno de sus hermanos. Nacido de la misma madre…Un día, mientras estaban descansando, vio como el australopiteco y su compañera estaban haciendo gestos de manera animada. En un momento dado, el joven australopiteco se inclinó hacia su compañera y le lamió la mejilla. El gesto pareció animar mucho a la joven australopiteco. Al cabo de un rato, una de las jóvenes australopiteco se reunió con él y se sentó a la sombra del árbol donde él estaba desde hacia un largo rato. El joven australopiteco quiso hacer lo mismo que hacia su hermano con su compañera y procuró animar a la hembra que estaba delante de él. La muchacha emitía unos ruidos que pudiesen ser calificados de risa fácilmente en la actualidad. En un momento dado, el joven australopiteco se inclinó y le lamió la mejilla. Se animó y le lamió también la otra mejilla.
                      Que la joven australopiteco no saliera corriendo ni le golpeara fue interpretado por él como una buena señal.                      Se recostó contra el tronco del árbol y se quedó mirando durante un largo rato de manera intensa al macho que estaba con ella. 
                    Luego, cerró los ojos. 
              
   

                  Es curioso, pensó la hembra.
                  El agua se seca. Tiene un sabor amargo. La tierra tiembla. Los animales empiezan a escasear. Todo lo que está a nuestro alrededor desaparece. No sé lo que va a ser de nosotros. La hierba está seca. Mi gente muere y cae al suelo.
                  Puede pasarme a mí lo mismo en cualquier momento. ¿Estoy perdiendo el tiempo sólo porque estoy interesada en este macho? No sé lo que me va a pasar dentro de un rato. Sólo siento que he de vivir el momento.
                  Después...Sería tarde.
                 Sintió frío. Miró a su alrededor. Y centró la vista en el macho. Él no desaparecería, como estaba desapareciendo la sabana. Los dos se sintieron más unidos que nunca
                 Y eso era algo que ella agradeció sinceramente. 

sábado, 31 de agosto de 2013

DURA DECISIÓN

Hola a todos.
Hoy, os traigo un cuento que escribí hace algún tiempo. Transcurre en la década de 1960, una de mis décadas favoritas.
Es un cuento que, más que romántico, viene a mostrarnos la otra cara del amor. Cuando el amor se acaba. En este caso, es uno de los integrantes de la pareja el que acaba matando ese amor. La protagonista de este cuento toma una decisión muy dura. La vamos a ver a continuación.

                     No puedo seguir así. Te he amado mucho. He intentado seguir amándote. Pero no puedo. Tú has matado todo el amor que sentía por ti. Tú me estás destrozando la vida sin motivo alguno. Lo nuestro se acabó. Tú sabes el porqué me voy. Lo siento. No se trata de una venganza. Se trata de que no puedo amarte después de todo el daño que me has hecho. Mi dignidad vale más que ser tu esposa y que tener muchos millones. No sé lo que voy a hacer a partir de ahora. Pero sí sé que tú no vas a formar parte de mi vida.
Adiós para siempre…No sé si nos volveremos a ver. Sólo sé que no quiero saber nada de ti. No te odio. Me das asco. Y me das también pena.

Vuelve, Mary, te lo ruego, pensaba  Díaz una y otra vez.
Siempre le había dicho lo mismo…Que iba a cambiar…Que todo sería diferente…Que él la quería…Y ella había confiado en él…
Hasta que Mary recordó que tenía dignidad. Hasta que Mary decidió que no podía más.
Y la culpa de todo la tenía él.
Empezó siendo una venganza. Una venganza estúpida. El motivo que la había desencadenado estaba anclado en el olvido. Ya no tenía importancia. Lo que importaba era que Mary no estaba. Se había ido. Y no pensaba volver. Esta vez no.
La casa estaba vacía.
¿Cómo no vio lo que iba a pasar? Había pecado de ingenuo. Había dado por sentado que Mary era tan inocente como aparentaba. La había engañado…La había seducido…Y ella, al final, le había abandonado.
Díaz se consideraba todavía un hombre muy apuesto. Era un hombre activo a sus treinta y cinco años. No le costó trabajo usar su atractivo físico para seducir a Mary. En opinión de todos, era el hombre más alto que jamás había existido en Toronto; de marcados músculos.
En la radio sonaban Los Beatles.
Aquella mañana, Mary había descubierto que no estaba embarazada. Debió de haberlo pensado. Ella y su marido hacía algún tiempo que no tenían relaciones íntimas. Principalmente…Porque Mary no quería. Díaz le repugnaba. Le juraba amor eterno. Y, después, la despreciaba. ¿Cómo podía tener relaciones sexuales con él después de cómo la trataba?
Era por la tarde.
Díaz había vuelto de su trabajo. Era un hombre rico y poderoso.
Díaz no escuchaba la canción. Recordaba con exactitud el momento en el que Mary le dijo que se iba. La televisión estaba puesta. Díaz estaba viendo la actuación de Los Beatles en El show de Ed Sullivan. En aquel momento, Mary se levantó del sofá en el que estaba sentada y se dirigió a la habitación que compartía con su marido desde hacía más de un año.


Un rato después, Mary salió de la habitación llevando consigo dos maletas.
Le había preguntado adónde iba con las maletas. Mary le miró fijamente y sólo dijo una palabra:
Adiós.
Después, fue hacia la puerta. La abrió, salió a la calle y la cerró. No hizo nada más.
Ocurrió todo tan rápido que Díaz no fue capaz de reaccionar y tampoco fue capaz de seguir a Mary cuando ésta cerró la puerta.
¿Cuándo volveré a verte, mi querida canadiense de pelo rojo como el fuego?, se preguntaba Díaz. Porque era consciente de que jamás volvería a tocar el cabello de Mary.
Mary era una mujer exuberante. Sus cabellos eran del color del cobre, puro fuego. Su cara era hermosa, perfecta, de facciones dulces y perfectas, sonrosada, en forma de corazón. Sus ojos eran grandes, de color azul marino, llenos de ternura y de afecto hacia su marido. Era esbelta y de caderas cimbreantes que habían enloquecido de deseo a más de un hombre.
Ella le había dicho que todo lo que le había hecho…Que su odio injustificado… Las palabras venenosas vertidas contra ella…El daño…Todo había quedado atrás…En aquel momento, Mary estaba hablándole con el corazón.
            Era más baja que su esposo. Poseía una figura envidiable. Ver sonreír a  Mary era una fiesta porque su sonrisa era tan cálida que parecía iluminar cada rincón de la casa y, además, aparecían unos hoyuelos que embellecían considerablemente su rostro. Todas sus características físicas armonizaban de una forma tan perfecta que resultaba increíble.
-¿Cómo has podido irte?-se preguntaba Díaz una y otra vez-No puedo culparte…No puedo…Yo te hice infeliz…Yo soy el único culpable…Solamente yo…Yo…Por no haberla querido de verdad…
            Díaz poseía, en opinión de Mary, un cuerpo 10, perfecto.
-Yo te quiero-le había dicho Mary-Te amo desde la primera vez que te vi. Lo que me dijiste quedó atrás. Lo olvidé. No tiene importancia. No vale la pena. Lo importante es que tú también me amas.
            Mary llevaba puesto un abrigo de color blanco cuando salió de la habitación con las maletas hechas. Debió de haberse dado cuenta Díaz de que Mary se ponía tensa cada vez que él la tomaba entre sus brazos. Ella rechazaba su abrazo cuando volvía a casa. Se resistía a darle un beso.
-Me haces daño-le decía-Me aprietas con mucha fuerza.
            Él no se había dado cuenta de nada.
-Llevo los labios pintados-le decía Mary-Hueles a whisky. Me da asco tu olor.
            Mary había permanecido sentada al lado de Díaz mientras Ed Sullivan presentaba a Los Beatles. Díaz recordaba haber hecho un comentario en tono despectivo acerca del cuarteto.
-¡Maricas!-había exclamado-¡Nunca llegaréis a nada!
-Cantan bien-había opinado Mary.
            Díaz se echó a reír al ver el cabello largo que llevaba el cuarteto. Rodeó con su brazo el hombro de Mary y la atrajo hacia sí. En aquel momento, Mary se apartó con brusquedad de él. Se puso de pie y se dirigió a la habitación. Díaz dio por sentado que Mary se pondría uno de aquellos conjuntos de lencería tan sexy que él le había regalado. Sin embargo, en lugar de hacer eso, Mary abandonó el domicilio conyugal. No había vuelto a saber de ella.
-No quiere verte-le dijo Tom, su cuñado.
            Díaz fue a ver a Tom, el hermano de Mary, en la creencia de que su esposa estaba en casa de su hermano. Díaz no pasó del recibidor porque Tom no le dejó entrar en la casa.
-Sé que Mary está aquí-afirmó Díaz.
-Mi hermana está aquí-aseguró Tom-Pero no quiere saber de ti. Vete antes de que llame a la policía.
            Díaz no quería irse de allí sin ver a Mary y así se lo dijo a Tom.
-Puedo llevarte a la ruina si no me dejas ver a mi mujer-le amenazó.
            Tom se encogió de hombros. Le daba igual lo que hacía su cuñado. Y así se lo dijo. Lo único que le importaba era su hermana. Díaz se marchó de la casa de Tom furioso. Su poder no era ilimitado como creía.
-Volveré-le avisó a Tom antes de irse-Y me iré de aquí con Mary. Te lo aseguro. Y me vengaré.
-Y yo te mataré si le haces algo a mi hermana-le amenazó Tom-No me das miedo, cuñado. Y tampoco le das miedo a Mary.
-¡Es mi mujer!
-Pero Mary no quiere seguir casada contigo.
-¡Tendría que decírmelo ella! Ya intentó abandonarme antes y volvió a mí porque me ama y no puede vivir sin mí.
            Semanas después, Mary no había vuelto a él. Y vivía feliz sin él. Díaz no quería verlo. Hasta que acabó viéndolo. En sus noches de insomnio, bebía hasta perder el conocimiento. Se resistía a admitir que la culpa era sólo suya. Pero su conciencia se lo gritaba. Había perdido a Mary para siempre. Y la culpa la tenía él. Sólo él…
            Era demasiado alto y musculoso. Parecía un gigante. Hubo un tiempo en el que su sola presencia aterrorizaba a Mary. Díaz salía a la calle y paseaba mientras buscaba a Mary con la mirada sin éxito. Tenía la sensación de que todas las mujeres con las que se encontraba eran Mary, pero ella no quería saber nada de él y se escondía. Le odiaba, pensaba Díaz. Mary ya no le amaba. Le odiaba. Y no le culpaba de ello.
            Tenía que haberse dado cuenta de que Mary se ponía tensa cuando él quería cogerla en sus brazos. Si empezaba a acariciarla, Mary no le devolvía las caricias.
-Me duele la cabeza-le decía-No tengo ganas…Quiero dormir…Tengo sueño…¿Por qué no dormimos en camas separadas? Muchos matrimonios duermen en camas separadas. No tenemos que dormir juntos todas las noches.
            Una vez, Díaz vio a Mary saliendo de una tienda y, a pesar de que vestía nuevamente de manera sencilla, nunca antes la había visto tan hermosa. Pasó por el lado de Díaz. No le miró.
            En cambio, Díaz miró con atención a Mary mientras ella pasaba de largo, totalmente ajena a su presencia. En un mundo diferente, Mary estaría viviendo en la mansión de su marido rodeada de toda clase de lujos y fingiendo que no había pasado nada entre ellos. En su lugar, Mary había estallado. Se había ido de casa y no pensaba volver nunca. Se había puesto en contacto con su abogado. No quería nada de Díaz y no tenía ganas de volver a verlo. Su actitud había conmocionado a su familia (a la suya y a la de su marido). Sorprendentemente, habían dado el visto bueno a su decisión.
            Se metió dentro de su caro coche.
            Se sintió derrotado. Siempre había creído que podía tenerlo todo.
            Pero no era así. Le faltaba la dicha. Le faltaba el amor de su mujer.
            Era consciente de que había perdido a Mary para siempre. Ella le había demostrado que podía ser feliz sin él. No le necesitaba.
            ¡Qué estúpido he sido!, pensó Díaz. Y se sintió el hombre más desgraciado del mundo.
            Golpeó con rabia el volante y rompió a llorar. Él tenía la culpa del fracaso de su matrimonio. Tendría que vivir siempre con ese sentimiento. Saber que era el único culpable de la marcha de Mary. Se odiaba así mismo por todo el daño que le había causado a su mujer. Mary reharía su vida sin él. Era feliz sin él. Díaz sintió ganas de vomitar. Gritó dentro su coche. Se maldijo así mismo.
            Por primera vez en su vida, se sintió derrotado.
            Y era una sensación extraña.


FIN

jueves, 29 de agosto de 2013

BORRADOR

Hola a todos.
Tengo algunas entradas pendientes. Pero lo quiero posponer para más adelante. Tengo que aclarar algunas ideas.
Lo que voy a subir hoy aquí no se trata de un cuento. Se trata de un borrador de un relato algo más largo que transcurre en la Prehistoria.
Espero que os guste.

LLANURA AFRICANA, HACE 3.900.000 DE AÑOS

            La comida seguía escaseando. La sabana estaba desapareciendo. El agua estaba también desapareciendo. El viaje interminable seguía su curso. Pero no sabían adónde ir.
            Tenían que seguir caminando.
            Casualidades de la vida, el viaje proseguía en dirección al Norte. Al mismo Norte que una vez obsesionó a la hembra tumai. Quizás ellos podían averiguar qué había allí. El porqué aquella hembra estaba obsesionada con viajar al Norte.
            Sólo podían esperar una cosa de allí. Comida. Mejor dicho, dos cosas. Comida y agua.
            Los miembros del clan estaban cambiando.
            Iban adaptándose a los cambios que se estaban produciendo en el ambiente. Caminaban cada vez más erguidos. Casi sin darse cuenta estaban evolucionando. Se parecían cada vez menos a los primates. Empezaban a parecerse más a los actuales homo sapiens.
            A nosotros.
            Pero la evolución es un proceso lento. De momento, tenían que seguir viajando cada vez más hacia el Norte. Sin detenerse apenas. Buscar alimento y agua era su prioridad. Si se quedaban, morirían de hambre y de sed.
            Tenían que abandonar la tierra que les había visto nacer muchas generaciones antes.
            Pasaron millones de años.
            Los homínidos habitaron los bosques y las montañas. Al mismo tiempo, su aspecto fue variando. Iban evolucionando para adaptarse mejor al medio cambiante en el que vivían.
            Primero, apareció el australopiteco. Llegó a convivir con el Homo habilis.
            Pero los australopitecos sólo llegaron a vivir en África. No se atrevieron a iniciar el viaje hacia Europa y Asia.
            El australopiteco vio cómo el hábitat cambiaba. Los ríos eran cada vez más secos. Los árboles morían. Los animales también morían. Vieron cómo bosques antaño frondosos se convertían poco a poco en desiertos. 
            Los australopitecos eran bípedos. Se habían acostumbrado a caminar sobre sus dos piernas. Todavía hacían vida en los árboles. Pero pasaban la mayor parte del tiempo en el suelo. No sabían tallar la piedra. Se defendían a pedradas de un posible ataque. O salían corriendo. Eran seres que se parecían mucho a los monos.
            Como los tumai y los orrorin, satisfacían únicamente sus necesidades más básicas. Comer…Desahogarse con una hembra…
            Los australopitecos eran carroñeros. Comían la carne de los animales muertos. Se enfrentaban con las hienas y con los buitres por los restos de un león muerto en estado de descomposición. Sabían nadar.
            El australopiteco se dividía en dos grupos.
            El robusto pesaba de 45 a 50 kilos.
            El grácil pesaba la mitad.
            Vivía en la sabana.
            Aprendió a cruzar los ríos a nado. Convivía con la muerte con total naturalidad. Tardaba poco tiempo en olvidar los sucesos acontecidos. Como la muerte de un miembro del grupo. Vivía el día a día. Y lo hacía con mucha intensidad.
            Los australopitecos aparecieron hace 4.000.000 millones de años.
            El Australopiteco vivía en las zonas tropicales de África. Se alimentaba de hojas y de frutos. Su cerebro era similar al de los grandes simios actuales.
            Su vida era una constante huida de los depredadores. Las piedras eran su arma de defensa. Correr era su única válvula de escape posible. Tenían que viajar lo más lejos posible en busca de comida.
            Se dice que un espécimen de australopiteco fue el primero, antes que el Homo habilis, en fabricar herramientas.
            Debieron de probar la carne. Posiblemente, comieron carne de antílope. No encontraban ni hojas ni frutos ni árboles porque habían desaparecido. Y descubrieron que la carne les alimentaba.
            Lascas…Cantos tallados…Eran algunas de las herramientas que fabricaban toscamente los australopitecos. Usaban rudimentariamente aquellas herramientas para cortar la carne.
            En época de escasez, se alimentaban de otras cosas. Semillas…Frutos…Otras hojas más blandas…
            Pasaban mucho tiempo en el suelo. Sólo subían a los árboles para dormir. Y para ponerse a salvo de las bestias que habitaban en la selva. Pero la selva parecía estar desapareciendo.
            No eran conscientes de algunos detalles. Como que la selva y la sabana estaban desapareciendo. Y que él mismo estaba condenado a desaparecer con ella.
            Desaparecer…Evolucionar…
            Y evolucionaron. Fue un proceso lento. Como la desertización.

            Se oyó un grito en toda la llanura y el grupo de australopitecos salieron corriendo de allí. Habían encontrado el cuerpo sin vida de uno de ellos. Un leopardo lo había matado instantes antes.
            Los buitres no tardaron en congregarse alrededor de lo que quedaba del australopiteco. Los demás salieron corriendo. Muchos de ellos morían de aquella forma.


            Todo esto desaparecerá.
            La hembra de australopiteco despertó. Aquel pensamiento la asustó. Dormía en el suelo. Al aire libre. En la distancia, creía oír unos sonidos que la asustaban. Pero había crecido escuchándolos. El rugido de un león…Los graznidos de los buitres…El siseo de las serpientes…La risa histérica de las hienas…
            Su compañero se acercó a ella. Pretendía copular. La hembra se puso de rodillas. Se dejó hacer. Pero estaba pensativa. La sabana estaba desapareciendo. Antes, había más plantas. Más animales…¿Qué era lo que veía ahora? Nada. Todo estaba desapareciendo.
            El macho se apartó de ella apenas se hubo desahogado. La hembra se sentó en el suelo y miró el paisaje que la rodeaba. ¿Cuándo fue la última vez que comió algo?, se preguntó. ¿El día antes? Aquella mañana no había comido nada. Intentó hacer memoria. ¿Cuándo había comido? No lo recordaba. No…Hacía más…Tenía sed. Pero no había una charca a la vista. ¿Cuándo fue la última vez que bebió agua? Tampoco lo recordaba.
            Se estremeció de frío.
            Algo no iba bien, pensó.
            Su estómago rugió. Tenía mucha hambre. Buscó hormigas que llevarse a la boca por el suelo sin ningún éxito.

            La hembra se frotó los brazos en un intento por entrar en calor porque temblaba de frío. ¿Cómo podía desaparecer la sabana? Era imposible. La sabana lo era todo para ella. Su hogar…No…Eso no iba a pasar. Era imposible.

viernes, 7 de junio de 2013

RIMA XXIII

Hola a todos.
Sé que debería de haber empezado ya a subir los fragmentos de mi diario (o del diario de Roberta, como mejor lo veáis, je, je).
El problema es que se me están complicando las cosas. ¡No tengo tiempo para casi nada!
Estoy muy liada con mi blog-novela Berkley Manor. Me gustaría acabarla para finales de este mes y, así, recuperar mi otra blog-novela Una brisa suave y retomar un viejo proyecto, Ecos del pasado.  Y, recientemente, he reconvertido mi blog "Apasionada Lily" en un rincón donde dar rienda suelta a mi lado más friki (lo reconozco, soy un poco friki).
No quiero tampoco abandonar mi blog principal, "Un blog de época".
Como tampoco quiero abandonar este blog, quiero compartir con vosotros esta rima que es una de mis favoritas de Gustavo Adolfo Bécquer. En ella, se describe el amor como un sentimiento alegre. Quien lo escribe es un hombre feliz, seguro de que el amor siente por la joven a la que van dirigidos estos versos es correspondido.
Sin más dilación, os dejo con la Rima XXIII de Bécquer.

Por una mirada, un mundo;
por una sonrisa, un cielo;
por un beso...¡Yo no sé
que te diera por un beso!



martes, 4 de junio de 2013

ME LLAMO ROBERTA

Hola a todos.
Hoy soy Roberta.
Roberta era el nombre que solía usar cuando escribía en mi diario. Era una chica de quince años. Vivía en el siglo XIX. Roberta era un poco como yo quería ser. Mi alter ego, por así decirlo. Hay mucho de mí en ella.
Durante años, escribí en mi diario para evadirme. Para no pensar en cómo era mi vida. Y, para ser sinceros, me alegro de haber tenido un diario. De no haber sido por la escritura, me habría vuelto loca. No quiero contar penas.
¡Al contrario! Hoy, quiero estar contenta. Roberta sale a la luz. Hay algo de ensoñación en su diario. De cómo me habría gustado a mí que hubiesen pasado ciertas cosas. Otras cosas son reales. Pero un tanto idealizadas...
Estamos en el año 1860. El lugar es la isla de Tabarca, un lugar que siempre ha llamado mi atención. Una isla preciosa situada frente a la costa de Santa Pola, en Alicante.
Os invito a que conozcáis a Roberta. Bueno, mejor dicho, a mi otra yo.
Muy pronto, si puedo, sabréis un poquito más de mí.



viernes, 31 de mayo de 2013

SABÍAS QUÉ...

Hola a todos.
Hoy, haré una nueva entrega de Sabías qué en este blog. La ocasión lo merece. 
No puedo adelantaros mucho. Sólo os pido que estéis pendientes del blog. Pronto, desvelaré la sorpresa. 
Este blog está dedicado al siglo XIX. Uno de mis periodos favoritos de la Historia...
En el siglo XIX, se popularizó el uso de los diarios. 
Por lo general, las aristócratas tenían un diario. En ellos, plasmaban todo lo que sentían. Plasmaban sus verdaderos sentimientos. Lo que pensaban realmente de todo. 
Cuando tenía quince años, me regaló mi madrina una novela de Ángeles Caso. Se llamaba Sissi, Emperatriz de Austria. 
La novela no tenía nada que ver ni con las películas dedicadas a este personaje. Ni con la serie de dibujos animados que se hizo hace ya unos años. 
La novela tenía forma de diario. La periodista Ángeles Caso llevó a cabo una minuciosa tarea de investigación. De esta manera, pudo plasmar lo que verdaderamente podía pensar la Emperatriz Elisabeth de Austria. Y no se parece en nada a la Princesita de las películas o de la serie de dibujos animados. 
Los diarios eran muy frecuentes en el siglo XIX. Si tú quieres conocer cómo era realmente una dama de esa época, tienes que leer su diario. Lo abrían con una llave. Y lo escondían en lugares secretos. Se pretendía salvar su intimidad. Lo poco que le quedaba a una mujer. 
Un diario era una forma de desahogo que se tenía en aquella época. Una forma de evasión...De ser una misma.
En su diario, la Emperatriz Elisabeth era ella misma. Y veíamos a una mujer que sufría muchísimo. Que era muy desdichada. Aún siendo Emperatriz.