lunes, 30 de junio de 2014

¿UN BESO ENTRE DOS REPLICANTES?

Hola a todos.
Hoy, os dejo con un beso que es bastante curioso.
Siempre ha existido un gran debate sobre si Rick, el protagonista de Blade Runner, era o no era un replicante, es decir, una copia robotorizada de personas. Él se dedicaba a cazar replicantes, pero se enamoraba de Rachel, una replicante.
Este beso, de ser cierto el rumor, se lo darían dos replicantes.

sábado, 28 de junio de 2014

JURAMENTO DE AMOR

Hola a todos.
Durante la siesta, se me ha ocurrido escribir algo distinto a lo que suelo escribir. 
Y me ha salido este pequeño relato que transcurre en un lugar que podría haber existido: la mítica región de Hiperborea. 
Es una historia de corte romántico. 
Espero que os guste. 

JURAMENTO DE AMOR

       

               Alla siempre había escuchado que en la región en la que vivía no existía la enfermedad. Pero lo cierto era que sus habitantes llegaban a la vejez. Y, por desgracia, algunos de ellos caían gravemente enfermos. 
                       A su hermana Lúan siempre le había gustado salir a montar a caballo. Sin embargo, aquella tarde, cuando las dos salieron a dar un paseo, los ojos de Lúan parecían estar fuera de sus órbitas. Alla recordó que su hermana todavía no había superado la muerte de su prometido Moran. 
                      De pronto, Lúan rompió a llorar. 
-¿Por qué Apolo me ha quitado a Moran?-le preguntó la joven a su hermana con desconsuelo-No lo entiendo. 
                      Hacía una tarde espléndida. Alla nunca entendió el porqué siempre brillaba el Sol en el lugar donde vivía. 
                       A veces, llovía. De aquel modo, se sacaban adelante los cultivos. 
                       Nadie podía atravesar los muros de hielo que protegían a los hiperbóreos de cualquier invasión enemiga. Pero también había gente maligna entre los hipérboreos. Para Lúan, desde la muerte de Moran, la luz del Sol le parecía insultante. 
-No sabemos el porqué los dioses obran de ese modo, hermana-respondió Alla-Sólo sabemos que sus designios pueden ser dolorosos. 
-¡Me han quitado la vida!-sollozó Lúan-No volveré a ser como era antes. Yo no quiero seguir viviendo. 
-¡Por favor, hermana! No hables así. Intenta ser fuerte. Siempre has sido la más fuerte de las dos. 
                        Pero Lúan había perdido toda su fuerza cuando se enteró de que su prometido Moran había sido asesinado de manera cruel. 
                        Moran estaba considerado como uno de los hombres más poderosos de toda Hipérborea. Se decía de él que era un semidiós. 
                        Lúan se enamoró de él nada más verle. En realidad, Moran debió de haberse prometido a Alla. Sin embargo, la joven le rechazó. 
                        Lúan habló con ella. Le confesó que estaba enamorada de Moran. Lo quería para ella. 
                        Alla le prometió que la ayudaría a conseguirlo. Moran empezó a sentirse atraído por la bella Lúan. Cierto era que no se parecía en nada a lo que él buscaba en una mujer. 
                         Pero era realmente bella. Se parecía mucho a la diosa Artemisa. Era una experimentada cazadora. Sabía disparar muy bien el arco y la flecha. Sabía montar a caballo como una verdadera amazona. Y decidió pedirle su mano a su padre. 
                        Pero la desgracia se cebó sobre la pareja. Moran tenía numerosos enemigos. 
                        Lúan se desmayó cuando un mensajero le informó de la terrible noticia. Moran había aparecido apuñalado en su palacio. Alla siempre había sido la más débil de las dos hermanas. Lúan era la más fuerte. Le tocó a ella en aquella ocasión ser fuerte. 
                         El padre agradeció al mensajero la noticia. Lúan fue asistida por la doncella que compartía con Alla. La acostaron sobre el suelo de piedra del palacio de su padre. La joven tardó mucho en reaccionar. Posó su mirada desesperada sobre Alla. 
-Dime que no es verdad-le pidió a su hermana menor al recordar el motivo de su desmayo. 
-Lo siento mucho-se lamentó Alla. 
                        Lúan rompió a llorar. Sus llantos se oyeron en toda la región. 
                       Alla y su padre trataron de consolarla. Pero no sabían qué hacer para paliar su dolor. No sabían qué decir para consolarla. Las palabras que pronunciaron sonaron vacías en aquellos momentos. Lúan lloró hasta que se quedó sin lágrimas aquella aciaga tarde. 
-Se está haciendo tarde-comentó Alla. 
-Yo quiero volver a casa-pidió Lúan. 
-Siempre te quedabas hasta muy tarde paseando por el bosque. 
-No quiero quedarme en el bosque. Quiero  quedarme encerrada en mi habitación. Y no salir nunca más de allí. 
-Lúan, estás sufriendo mucho. Pero quiero pensar que tu dolor cesará. 
                         Su hermana pareció no escucharla. Alla se sintió frustrada. 
                         Regresaron al palacio de su padre. Lúan se refugió en su habitación. Su padre le comentó a Alla que hacía días que su hermana mayor no quería probar bocado. 
-Acabará muriéndose de pena-se lamentó el hombre-Y eso me destroza. 

                      Para empeorar la situación, Alla se había enamorado. Bod era un cazador que rendía culto a Apolo. Decía que lo había visto cuando se retiraba a Hipérborea a pasar el invierno. 
                      Bod conoció a Alla una tarde. La vio recogiendo flores.
                      La había visto antes. La había visto paseando por la orilla de la playa en compañía de otra joven. La había oído hablar. Quería conocerla.
                      Aquella joven poseía una voz preciosa, con un tono muy dulce y muy cariñoso. La joven que iba con ella le sonreía. Siempre iban juntas a todas partes y, debido al parecido que la otra joven tenía con ella, Bod dedujo que se trataba de un familiar. Un familiar muy cercano...
                      Por las noches, Bod soñaba con ella. La diosa Afrodita debe de ser familia de esa joven, pensaba con arrobo. Lo que más deseaba era conocerla a fondo. 
                     Quedó prendado de ella nada más verla. Bod era un hombre joven y apuesto. 
-La diosa Afrodita se ha encarnado en ti-le dijo a modo de saludo. 
-¿Cómo dices?-se extrañó Alla. 
-Sólo he hecho una afirmación. 
                        Realmente, Alla era una joven hermosa. Era alta. Y poseía un largo cabello de color rubio. 
-Dime tu nombre-le pidió Bod. 
-Me llamo Alla-respondió la joven. 
-Eres la hermana de Lúan. ¿No es así? Lamento mucho la muerte de su prometido. 
-Muchas gracias...
                          Algunos días después, Bod y Alla se encontraron en el bosque. Él le entregó a Alla un hermoso collar que había pertenecido a su madre. En un primer momento, ella rechazó aquel regalo porque no entendía lo que significaba. 
-Significa que está naciendo un sentimiento muy fuerte entre nosotros-le explicó Bod.
-Casi no te conozco-replicó Alla. 
-Apolo ha hecho que nos conozcamos. 
                         Bod sonrió y besó a Alla en la mejilla. Ella no quería enamorarse después de ver cómo Lúan se estaba quedando sin lágrimas. Bod colocó el collar alrededor del cuello de Alla. 
-Le pediré tu mano a tu padre para que nos casemos-le aseguró. 
                           Ya se sabía quién había sido el asesino de Moran. Uno de sus criados...Alla estaba furiosa.
                           Moran había deshonrado a seis jóvenes a lo largo de toda la región. El criado que lo había matado era el padre de una de aquellas jóvenes. Se rumoreaba que había seducido y abandonado a otras tres jóvenes más. Y la lista podía ir en aumento. 
                         Lúan se sentía tan humillada que decidió encerrarse en su habitación para olvidarse de todo. Lo último que podía hacer Alla, en su opinión, era enamorarse. 
-¿Cómo sabré yo que estás realmente enamorado de mí?-preguntó Alla-¿Cómo sabré yo que tu amor por mí es sincero? 
-Nunca te engañaré-respondió Bod-Apolo es testigo de mi juramento de amarte eternamente. 
                          El joven rodeó con sus manos la cintura de Alla y la atrajo hacia sí. Sus labios se posaron sobre los labios de la joven. Permanecieron un largo rato besándose de manera larga y apasionada. Un beso que sabía a futuro. 
                          Alla correspondió a aquel beso. Bod la amaba. Con aquel beso, sellaba el juramento que le había hecho. 

                          Al día siguiente, Bod acudió al palacio del padre de Alla. En el salón, Bod le pidió la mano de su hija Alla para convertirla en su esposa. Un rato después, el contrato nupcial se había firmado. 
                        El padre de Alla se llevó una sorpresa cuando su hija menor entró en el salón, después de haber firmado el contrato nupcial. 
                        Alla abrazó con fuerza a Bod y llenó de besos su cara. Acabaron fundiéndose en un beso denso y prolongado. 

                        Lúan lloró de felicidad al enterarse de la boda de su hermana menor. 
                        La noche de bodas de Alla fue la noche más hermosa de su vida. 
                        Era virgen. 
                        Bod y ella cayeron desnudos sobre la fresca hierba que crecía en el bosque. Alla sintió los besos de Bod sobre sus labios y le devolvió cada uno de aquellos besos. El joven la besó con adoración en el cuello. Se atrevió a besar uno de los pechos de Alla. 
-Apolo nos está mirando-comentó la joven. 
-Bendice nuestro amor, amada mía-le aseguró Bod. 
                       La estrechó con fuerza entre sus brazos para abrazarla y la hizo suya mientras llenaba de besos el rostro de Alla. 
                       Lejos de allí, Lúan pensó en su hermana. 
-No soy feliz-pensó la joven-Pero deseo de corazón que ella tenga la felicidad que los dioses me han negado.

                             A la mañana siguiente, Alla encontró a Lúan en el jardín. Su hermana tenía el gesto serio. Se la veía triste.
-Nuestra doncella me ha dicho que no has pasado la noche en casa-comentó Lúan-¿Dónde has estado?
-Lo siento mucho-contestó Alla.
                          Su rostro era radiante. El corazón se le encogió a Lúan. No podía negarle la felicidad a su hermana. La quería demasiado.
-Has estado con tu amado-observó Lúan.
-¿Cómo lo sabes?-le preguntó Alla, ruborizándose.
                         Los ojos de la joven estaban muy abiertos.
                         Sus labios estaban hinchados por los besos que Bod le había dado.
                         No se arrepentía de haberse entregado a él.
-Lo noto en tu mirada-respondió Lúan con cariño-Yo no tuve la suerte de entregarme a Moran. Y lo lamento.
                         Bod había descubierto que la belleza de Alla iba más allá de la belleza física. Después de haberse entregado a él, Bod seguía soñando con ella. Poseía una hermosura angelical. Su rostro era inocente. Su piel era suave al tacto. Lo único que quería era verla y aquel deseo le hizo colarse en su casa en mitad de la noche.
                        Le parecía una verdadera locura haberse convertido en su amante.
                       Lúan fingía no escucharles.
                      Ella lloraría la muerte de Moran. No se merecía el amor que ella le profesaba. Pero había descubierto que Bod sí era digno de Alla porque era un joven bondadoso y amable.
                       La belleza de Alla floreció a medida que avanzaba su romance secreto con Bod y todo el mundo fue consciente de ello.
                       Alla era consciente del deseo que Bod sentía hacia ella. Lo esperaba todas las noches en su habitación. Con la ventana abierta...También lo deseaba.
                        Mientras los dos se desnudaban el uno a la otra, se besaban con avaricia y caían sobre el lecho de Alla.
                       Los dos deseaban fundirse en un solo ser. Se abrazaban con fuerza. Se acariciaban el uno a la otra con las manos.
                       Bod besaba apasionadamente a Alla mientras ella rodeaba el cuello del joven con los brazos y se apretaba contra él.
-Te amo-le decía Bod con la voz entrecortada.
                     La oyó suspirar.
                    Mordisqueó el lóbulo de la oreja de Alla. La besó con arrebato en el cuello. Besó una y otra vez los hombros de la joven.
                     Sus manos acariciaron la suave piel de Alla, deleitándose en su tacto.
-Te amo-le susurró ella a su vez.
                      Lamió los pezones de Alla con sumo deleite. Besó aquellos pechos preciosos y firmes. Necesitaba sentir el calor que desprendía el cuerpo de aquella mujer cuyo vientre estaba recorriendo con los labios.
                        La abrazó con fuerza al tiempo que se iba hundiendo poco a poco en su interior. Sintió cómo su cuerpo se fundía con el cuerpo de ella. Y supo que así sería siempre. 

FIN

                  

jueves, 26 de junio de 2014

FRAGMENTO DE "EL FINAL DE LOS BUENOS TIEMPOS"

Hola a todos.
Hoy, os traigo este fragmento inédito de mi novela El final de los buenos tiempos. 
No descarto hacer algunos añadidos a esta novela y lanzarme a autopublicarla. Pero todavía no lo haré.
Espero poder hacerlo más adelante.

-El Palacio de Cristal es verdaderamente deslumbrante-comentó lady Pegeen.
-Yo he estado dentro en varias ocasiones-le contó lady Anne-Por dentro, es todavía más bonito. Se hacen exposiciones allí.
-Nunca me he atrevido a entrar.
-Es una tontería.
-Para ti es una tontería. Para mí es algo distinto.
-¿Quieres entrar conmigo?
                          Lady Anne y lady Pegeen se encontraban dando un paseo por Hyde Park.
                          Lady Pegeen se preguntó así misma el porqué salía con lady Anne.
                          Era cierto que la joven americana que había entrado por vía de una boda en la aristocracia inglesa no tenía ni una sola gota de sangre aristocrática. En aquel sentido, se parecía mucho a ella. Pero lady Pegeen no había nacido rica. En cambio, la familia de lady Anne era muy rica. El crack de la Bolsa había pasado casi de largo para ellos.
                          Lady Anne era todo lo que lady Pegeen no era. Era sofisticada.
                         Casi podía pasar por estrella de cine. Poseía una elegancia innata. Y era muy hermosa.
-Tú tienes cosas que yo no tengo-admitió lady Pegeen-A mí me gustaría ser como tú.
-Y tú tienes una cosa que yo no tengo-le recordó lady Anne-Tienes siete hijos maravillosos.
-¡Yo no tengo hijos! Casi no los he visto. Sólo los he llevado en mi vientre y los he parido. Pero, nada más nacer, otras mujeres se han hecho cargo de ellos. No los siento mis hijos. Y sé que ellos piensan lo mismo. Cuando me miran, no me miran como su madre que soy. Soy casi una extraña para ellos.
-¿Se lo has comentado a Edward?
-Mi marido está encerrado todo el día en su despacho. Cuando no realiza viajes al campo. O se encierra en una habitación de burdel con dos fulanas. ¿Crees que no sé lo que él hace a mis espaldas? Y tengo que callar.
-Lo siento mucho.
-En el fondo, tú lo sabes. No hay secretos entre William y tú. Y tu marido es el mejor amigo de mi marido. Se lo cuentan todo. Aunque William sea más reservado que Edward. Te respeta más de lo que Edward me respeta a mí. Te envidio.
                           Había lágrimas en los ojos de lady Pegeen al terminar de hablar.

viernes, 20 de junio de 2014

BORRADOR 2

Hola a todos.
Hoy, os traigo otro borrador de otro de mis cuentos. Creo que el cuento al que pertenece este borrador está subido aquí.
Se trata de otro relato que transcurre en la década de 1960 con muchos toques sentimentales.
Aunque no estoy segura.
Espero que os guste.

                                NO PUEDO SEGUIR ASÍ. TÚ SABES EL PORQUÉ ME VOY. LO SIENTO. NO SE TRATA DE UNA VENGANZA. SE TRATA DE QUE NO PUEDO AMARTE DESPUÉS DE TODO EL DAÑO QUE ME HAS HECHO. MI DIGNIDAD VALE MÁS QUE SER TU ESPOSA Y QUE TENER MUCHOS MILLONES. NO SÉ LO QUE VOY A HACER A PARTIR DE AHORA. PERO SÍ SÉ QUE TÚ NO VAS A FORMAR PARTE DE MI VIDA.

Vuelve, Emily, te lo ruego, pensaba  Díaz una y otra vez.
Siempre le había dicho lo mismo…Que iba a cambiar…Que todo sería diferente…Que él la quería…Y ella había confiado en él…
Hasta que Emily recordó que tenía dignidad. Hasta que Emily decidió que no podía más.
Y la culpa de todo la tenía él.
Empezó siendo una venganza. Una venganza estúpida. El motivo que la había desencadenado estaba anclado en el olvido. Ya no tenía importancia. Lo que importaba era que Emily no estaba. Se había ido. Y no pensaba volver. Esta vez no.
La casa estaba vacía.
¿Cómo no vio lo que iba a pasar? Había pecado de ingenuo. Había dado por sentado que Emily era tan inocente como aparentaba. La había engañado…La había seducido…Y ella, al final, le había abandonado.
Díaz se consideraba todavía un hombre muy apuesto. Era un hombre activo a sus veinticinco años. No le costó trabajo usar su atractivo físico para seducir a Emily. En opinión de todos, era el hombre más alto que jamás había existido en Toronto; de marcados músculos.
En la radio sonaban Los Beatles.
Díaz no escuchaba la canción. Recordaba con exactitud el momento en el que Emily le dijo que se iba. La televisión estaba puesta. Díaz estaba viendo la actuación de Los Beatles en El show de Ed Sullivan. En aquel momento, Emily se levantó del sofá en el que estaba sentada y se dirigió a la habitación que compartía con su marido desde hacía más de un año.
Un rato después, Emily salió de la habitación llevando consigo dos maletas.
Le había preguntado adónde iba con las maletas. Emily le miró fijamente y sólo dijo una palabra:
Adiós.
Después, fue hacia la puerta. La abrió, salió a la calle y la cerró. No hizo nada más.
Ocurrió todo tan rápido que Díaz no fue capaz de reaccionar y tampoco fue capaz de seguir a Emily cuando ésta cerró la puerta.
¿Cuándo volveré a verte, mi querida canadiense de pelo rojo como el fuego?, se preguntaba Díaz. Porque era consciente de que jamás volvería a tocar el cabello de Emily.
Emily era una mujer exuberante. Sus cabellos eran del color del cobre, puro fuego. Su cara era hermosa, perfecta, de facciones dulces y perfectas, sonrosada, en forma de corazón. Sus ojos eran grandes, de color azul marino, llenos de ternura y de afecto hacia su marido. Era esbelta y de caderas cimbreantes que habían enloquecido de deseo a más de un hombre.
Ella le había dicho que todo lo que le había hecho…Que su odio injustificado… Las palabras venenosas vertidas contra ella…El daño…Todo había quedado atrás…En aquel momento, Emily estaba hablándole con el corazón.
            Era más baja que su esposo. Poseía una figura envidiable. Ver sonreír a  Emily era una fiesta porque su sonrisa era tan cálida que parecía iluminar cada rincón de la casa y, además, aparecían unos hoyuelos que embellecían considerablemente su rostro. Todas sus características físicas armonizaban de una forma tan perfecta que resultaba increíble.
-¿Cómo has podido irte?-se preguntaba Díaz una y otra vez-No puedo culparte…No puedo…Yo te hice infeliz…Yo soy el único culpable…Solamente yo…Yo…Por no haberla querido de verdad…
            Díaz poseía, en opinión de Emily, un cuerpo 10, perfecto. Tenía el cabello dorado muy fuerte, diríase que oscuro. Los ojos eran lo que más bello tenía el duque, junto con su altura, que llegaba a impresionar a Emily: eran claros, con un cierto matiz verde oscuro que borraba cualquier resto de azul.
-Yo te quiero-le había dicho Emily-Te amo desde la primera vez que te vi. Lo que me dijiste quedó atrás. Lo olvidé. No tiene importancia. No vale la pena. Lo importante es que tú también me amas.
            Emily llevaba puesto un abrigo de color blanco cuando salió de la habitación con las maletas hechas. Debió de haberse dado cuenta Díaz de que Emily se ponía tensa cada vez que él la tomaba entre sus brazos. Ella rechazaba su abrazo cuando volvía a casa. Se resistía a darle un beso.
-Me haces daño-le decía-Me aprietas con mucha fuerza.
            Él no se había dado cuenta de nada.
-Llevo los labios pintados-le decía Emily-Hueles a whisky. Me da asco tu olor.
            Emily había permanecido sentada al lado de Díaz mientras Ed Sullivan presentaba a Los Beatles. Díaz recordaba haber hecho un comentario en tono despectivo acerca del cuarteto.
-¡Maricas!-había exclamado-¡Nunca llegaréis a nada!
-Cantan bien-había opinado Emily.
            Díaz se echó a reír al ver el cabello largo que llevaba el cuarteto. Rodeó con su brazo el hombro de Emily y la atrajo hacia sí. En aquel momento, Emily se apartó con brusquedad de él. Se puso de pie y se dirigió a la habitación. Díaz dio por sentado que Emily se pondría uno de aquellos conjuntos de lencería tan sexy que él le había regalado. Sin embargo, en lugar de hacer eso, Emily abandonó el domicilio conyugal. No había vuelto a saber de ella.
-No quiere verte-le dijo Tom, su cuñado.
            Díaz fue a ver a Tom, el hermano de Emily, en la creencia de que su esposa estaba en casa de su hermano. Díaz no pasó del recibidor porque Tom no le dejó entrar en la casa.
-Sé que Emily está aquí-afirmó Díaz.
-Mi hermana está aquí-aseguró Tom-Pero no quiere saber de ti. Vete antes de que llame a la policía.
            Díaz no quería irse de allí sin ver a Emily y así se lo dijo a Tom.
-Puedo llevarte a la ruina si no me dejas ver a mi mujer-le amenazó.
            Tom se encogió de hombros. Le daba igual lo que hacía su cuñado. Y así se lo dijo. Lo único que le importaba era su hermana. Díaz se marchó de la casa de Tom furioso. Su poder no era ilimitado como creía.
-Volveré-le avisó a Tom antes de irse-Y me iré de aquí con Emily. Te lo aseguro. Y me vengaré.
-Y yo te mataré si le haces algo a mi hermana-le amenazó Tom-No me das miedo, cuñado. Y tampoco le das miedo a Emmy.
-¡Es mi mujer!
-Pero Emmy no quiere seguir casada contigo.
-¡Tendría que decírmelo ella! Ya intentó abandonarme antes y volvió a mí porque me ama y no puede vivir sin mí.

            Era demasiado alto y musculoso. Parecía un gigante. Hubo un tiempo en el que su sola presencia aterrorizaba a Emily. Díaz salía a la calle y paseaba mientras buscaba a Emily con la mirada sin éxito. Tenía la sensación de que todas las mujeres con las que se encontraba eran Emily, pero ella no quería saber nada de él y se escondía. Le odiaba, pensaba Díaz. Emily ya no le amaba. Le odiaba. Y no le culpaba de ello.
            Tenía que haberse dado cuenta de que Emily se ponía tensa cuando él quería cogerla en sus brazos. Si empezaba a acariciarla, Emily no le devolvía las caricias.
-Me duele la cabeza-le decía-No tengo ganas…Quiero dormir…Tengo sueño…¿Por qué no dormimos en camas separadas? Muchos matrimonios duermen en camas separadas. No tenemos que dormir juntos todas las noches.
            Una vez, Díaz vio a Emily saliendo de una tienda y, a pesar de que vestía nuevamente de manera sencilla, nunca antes la había visto tan hermosa. Pasó por el lado de Díaz. No le miró.
            En cambio, Díaz miró con atención a Emily mientras ella pasaba de largo, totalmente ajena a su presencia. En un mundo diferente, Emily estaría viviendo en la mansión de su marido rodeada de toda clase de lujos y fingiendo que no había pasado nada entre ellos. En su lugar, Emily había estallado. Se había ido de casa y no pensaba volver nunca. Se había puesto en contacto con su abogado. No quería nada de Díaz y no tenía ganas de volver a verlo. Su actitud había conmocionado a su familia (a la suya y a la de su marido). Sorprendentemente, habían dado el visto bueno a su decisión.

 

                   

jueves, 19 de junio de 2014

BORRADOR

Hola a todos.
Hoy, me gustaría compartir con vosotros este borrador de un cuento que tengo subido, creo recordar, en mi blog "Berkley Manor".
Espero que os guste.

                                 Miró la carta que tenía encima de la mesa. Había entrado en aquel restaurante. Lo único que quería era cenar tranquilo. No pedía nada más.
            Ensalada…Judías…Rape…Salmón ahumado…Pulpo…Espárragos… Langostinos…Tomate…Atún…Setas…Gambas…Tarta de bacalao…Mejillones… Huevos…Marisco…
            La camarera se acercó a él.
-¿Sabe ya lo que va a pedir, señor?-le preguntó.
-Aún no lo he decidido-respondió él.
-Tómese el tiempo que necesite para decidirse.
            Victoria llevaba trabajando en aquel restaurante desde hacía cuatro años. Tenía unos veintipocos años. No tenía familia. Vivía sola en su pequeño piso. No tenía pareja. Pero sí tenía muchos y buenos amigos. Era muy guapa y también era muy simpática. Siempre estaba sonriendo.
-¿Ya ha decidido, señor?-le preguntó.
            Kyle no se atrevía a mirar a Victoria. Era la mujer más bella que jamás había visto. Se sintió turbado ante su visión.
-¿Qué me puede decir de la ensalada?-le preguntó.
-Es deliciosa-respondió ella-Se lo puedo asegurar. Con su tomate y su lechuga bien frescos…¡Una delicia!
-Está bien.
-Entonces…¿Quiere ensalada?
-Sí. Quiero la ensalada. Y no sé qué más voy a pedir.
            Victoria tomó nota del pedido. Después, se fue a atender a los demás clientes. Era viernes por la noche y ella ardía en deseos de contar las propinas que le dejaban los clientes. Solían ser generosos la noche de los viernes, cuando tenían los estómagos llenos. Victoria vivía sola en su piso. Ni siquiera tenía una miserable maceta. No tenía animales. No habría podido hacerse cargo de un perro, que le gustaban mucho los perros. O de un hámster. No le gustaban los gatos.
            Nunca antes había visto a un hombre tan atractivo como aquel hombre. Vestía bien. Un traje de seda. Con corbata de seda. Y con pañuelo asomando por el bolsillo de la chaqueta. Victoria pensó que el pañuelo debía de ser de seda. Debía de ser un hombre muy rico, pensó la joven.

            Le dolían los pies de estar trabajando toda la noche.
            Victoria llegó a su casa de madrugada.
            Dio gracias a Dios por vivir cerca de su lugar de trabajo.
            Se dejó caer en la cama. No tenía ni fuerzas para ponerse el pijama. Se quitó a patadas los zapatos. Había sido una noche de viernes más. Los clientes pedían comida sin parar. Algún cliente acabó borracho y vomitando en el baño. Victoria y sus compañeras iban y venían. Las bandejas siempre estaban llenas. Victoria estaba cansada. Le dolía la cabeza porque, como todas las noches de los viernes, había llegado al restaurante un grupo de jovencitos. Y aquel grupo se había puesto a cantar a voz en grito.
            Sólo había algo que había animado su noche del viernes.
            La visión de aquel hombre al que había atendido. Sólo había sido un cliente más. Sólo eso. Pero no podía apartar la mente de él. No habían hablado más que lo imprescindible. ¿Podía decir que se había enamorado? Aquella idea le pareció ridícula. ¿Cómo podía haberse enamorado de un cliente? Victoria se echó a reír. Estaba segura de que no lo volvería a ver.

-Tu cliente no apartaba la vista de ti-le indicó Lucinda a Victoria-Yo creo que le has cautivado.
            Lucinda y Victoria eran buenas amigas. También eran compañeras de trabajo en el restaurante.
-¡Eso es imposible!-replicó Victoria.
            Estaban dando cuenta de su desayuno en una cafetería situada debajo del piso en el que vivía Lucinda. Su desayuno consistía en un par de tostadas untadas con mantequilla y en una taza de café con leche para cada una.
            Lucinda mordió su tostada. Victoria bebió un sorbo de su taza de café.
-Insisto-afirmó Lucinda-Le has gustado.
-Yo apenas me fijé en él-le aseguró Victoria-Lo único que quería era terminar mi jornada e irme a casa a descansar. Te confieso que, a veces, desearía abandonar mi trabajo. Pero no puedo. Tú sabes bien que yo quiero trabajar en una oficina. Podría ser una secretaria muy eficiente. Pero no encuentro trabajo.
-Hay que armarse de paciencia, amiga mía. A mí me gusta mi trabajo como camarera. No quiero abandonarlo por nada del mundo. No todo el mundo tiene las mismas aspiraciones en la vida.
-Supongo que tienes razón en ese aspecto.
-Pero tu cliente…¡Madre mía! ¡Es el hombre más guapo que jamás he visto! ¡Qué apuesto es! 
            Victoria le dio un mordisco a su tostada.
-Sólo sabes hablar de hombres-le reprochó a su amiga.
-Me gusta salir con hombres-afirmó Lucinda-No veo que esté haciendo nada malo. Además, ya no existe el riesgo de que me pueda quedar embarazada.
-¡Ah, ya! ¡Tú tomas la píldora! ¡Tenía que haberlo supuesto! ¿No le pones a tu ligue la gomita? ¿No usas el diafragma?
-¡Uy, el diafragma! ¡Demasiado lío!
-¿Y qué me dices del preservativo?
-No me fío mucho de una goma, como tú dices. Se rompe enseguida. Yo prefiero tomar la píldora. Es más fiable.
-Yo nunca he tomado la píldora.
-Prefieres usar el condón. Pero hace más de un año que no sales con nadie.
-Ya conoces el dicho. Mejor sola que mal acompañada.
-¡No es justo que pretendas pasar sola el resto de tu vida, Victoria! Eres muy guapa. Necesitas tener a un hombre a tu lado. Dicen que una mujer que no tiene un hombre a su lado…Si no se casa…Si no tiene hijos…No es nada…
-Una mujer puede vivir sola. Puede ser feliz o puede no ser feliz. Se puede enamorar. Pero puede decidir si quiere o no quiere casarse. Decide lo que quiere hacer con su vida. No tengo padres. No tengo que rendir cuenta ante nadie. Espero que lo entiendas.

            Durante su rato de descanso, Victoria abrió el periódico.
            Lo abrió por la sección de Ofertas laborales.
            No había mucha gente en el restaurante.
            Eran sólo las cuatro de la tarde. Dentro de una hora, el restaurante estaría a rebosar de gente. Sobre todo, de niños. Venían a merendar. Y Victoria tendría que atenderles. Como siempre.
            Cerró el periódico y soltó un resoplido.
            No había encontrado nada.
            Ella quería trabajar como secretaria en una oficina. Había estudiado en una Academia durante dos años. Y había estudiado Mecanografía. Podía ser una buena secretaria. Sabía que jamás sería una oficinista. Aquel puesto estaba vetado para ella por ser mujer. Tenía que casarse sólo porque era mujer…Tenía que tener hijos sólo porque era mujer…Su sexo la tenía condicionada. Victoria empezaba a odiar su sexo.
            Dejó el periódico encima de la barra.

            Un poco de sal…Un poco de pimienta…
            En ocasiones, mientras condimentaba los platos, Victoria canturreaba. Era algo que hacía sin darse cuenta. Repetía una y otra vez los ingredientes de aquellos platos. Sonrió cuando terminaba de condimentar los platos. Salió de la cocina portando una bandeja.
            Él estaba otra vez allí, pensó.
            Su cliente…Había vuelto…
            Victoria sintió cómo las piernas le temblaban de manera violenta.
            Pensó que se iba a caer.
            Imaginó que él la estaba mirando. Se estremeció de pies a cabeza. Lucinda tenía razón. Le gustaba mucho aquel hombre. ¡Y eso que casi no le conocía!
            Kyle no se atrevía a mirar a Victoria. ¡Qué mujer más guapa!

            Ya estaba trabajando en la oficina.
            Victoria no se lo podía creer. ¡Ya era una secretaria! Y, encima, era la secretaria de Kyle. No cabía en sí de gozo. Iba a estar cerca de Kyle.
            Para ella, eso era suficiente. Le bastaba con saber que vería a Kyle a diario y que estaría en contacto permanente con él.

            Victoria estaba furiosa con Kyle por la manera en la que se estaba portando con ella. Era obvio que la quería. Eso lo sabía todo el mundo. El problema era que parecía empeñado en negarlo.

 

domingo, 8 de junio de 2014

FRAGMENTO DE "SUCEDIÓ EN OTOÑO"

Hola a todos.
A estas alturas, poco queda que contar acerca de una de las mejores novelas de Lisa Kleypas, Sucedió en otoño, segunda novela de su saga Las Floreros.
Cuenta la historia de amor entre Lillian Bowman, una joven americana de buena familia, hermosa, pero impetuosa y obstinada, con unos modales y un carácter que no casan nada con la aristocracia inglesa, y lord Marcus Westcliff, un aristócrata inglés serio y estirado, aunque también pasional. Los Bowman han viajado a Inglaterra con la intención de que sus dos hijas, Lillian y la dulce Daisy, hagan una buena boda. Lord Marcus Westcliff es el hermano de Aline, la protagonista de La antigua magia. 
Aline ni aparece en esta novela, pero sí se la menciona. Quienes sí aparecen son la pareja secundaria (aunque con mucho protagonismo) de La antigua magia, Livia, la hermana de Aline y de Marcus, con un triste pasado a sus espaldas, y Gideon, quien ha logrado superar sus problemas con el alcohol.
Marcus es presionado por su madre (una tipa que se las trae) para que busque esposa y se case.
Pero se enamora de Lillian y, desde ese momento, su razonamiento se va al garete. Quiere casarse con ella. Pero Lillian piensa que no es la mujer indicada para convertirse en lady Westcliff.
Veamos un fragmento de la historia de amor entre estas dos personas que se encuentran y se enamoran. Tan sencillo como éso...


-¿Cómo crees que la metieron dentro?-Para probar, introdujo el dedo en el cuello de la botella-No entiendo cómo algo tan grande puede caber en un agujero tan pequeño.
            Marcus cerró los ojos para contener la oleada de excitación y su voz sonó ronca al responder:
-Se…se coloca la botella directamente en el árbol. La fruta crece en el interior-Abrió los ojos un poco y volvió a cerrarlos con fuerza cuando vio su dedo introducido profundamente en la botella-Crece…-se obligó a continuar-hasta que madura.
            Lilian pareció sorprendidísima por semejante información.
-¿En serio? Es lo más inteligente, lo más inteligente…una pera dentro de su pequeña… Ay, no.
-¿Qué pasa?-preguntó Marcus con los dientes apretados.
-Se me ha atascado el dedo.
-¡No puedo! Está atascado de verdad. Necesito algo que lo haga resbaladizo. ¿Tienes algún tipo de lubricante a mano?
-No.
-¿Nada de nada?

-Por increíble que pueda parecerte, jamás hemos necesitado un lubricante en la biblioteca. 

 Portada en inglés de Sucedió en otoño. 

sábado, 7 de junio de 2014

FRAGMENTO DE "LA MUJER SIN CORAZÓN" (ENTRADA PROGRAMADA)





-Todo está bien-pensó Mónica-No estás con Robert. Estás con Stephen. No son la misma persona. Stephen no te hará daño, pero Robert sí te lo hacía.
                       Los dos yacían acostados en la cama de Stephen.
                       Yacían medio desnudos.
                       Stephen se acercó a ella en ese momento y depositó un beso en su cuello y mordisqueó suavemente su oreja. Mónica se estremeció de placer. Era una sensación conocida. Él la abrazó y la besó con dulzura. Mónica correspondió al beso y al abrazo. Y lo hizo con fuerza y con pasión. Siempre había sido muy apasionada.
-Tengo miedo de volver a sufrir por culpa de un hombre-se sinceró Mónica. Pero no quería sincerarse del todo por el momento-No quiero sufrir, Stephen. ¿Me entiendes?
-Te entiendo-le aseguró el hombre.
-No me hagas más preguntas.
-Respetaré tu silencio.
-Te lo agradezco.
-Tengo la sospecha de que un hombre te destrozó la vida en el pasado. No sé cómo fuiste a su lado, pero intuyo que no fuiste feliz. Yo haré lo imposible para que seas feliz, mi querida Mónica. Estuviste con un inútil. Si no supo hacer las cosas bien, no sería por tu culpa. Yo no sé si lo estoy haciendo bien. He estado con muchas mujeres, pero creo que pude haber hecho algo mal.
-¡Hacemos una buena pareja!
                       Los dos se echaron a reír. Mónica no deseaba pensar en nada.
                      Stephen la amaba. Stephen se preocupaba sinceramente por ella. Y eso le asustaba. No podía amarle con todo su ser porque tenía miedo de volver a sufrir. Ya había escapado del amor cuando Scott se le declaró en Leeds. No quería tener que volver a huir.
                     Stephen se colocó encima de ella. Mónica borró de su mente cualquier pensamiento coherente. Sintió las manos del hombre acariciándola.