viernes, 6 de junio de 2014

FRAGMENTO DE "LA MUJER SIN CORAZÓN"

Hola a todos.
Sí, ya sé que ayer dije que el fragmento que subí ayer a este blog era el último fragmento inédito que subía de mi novela La mujer sin corazón. 
Pero no pude resistirme a subir otro fragmento inédito de esta novela.
En esta ocasión, asistimos a una conversación entre Stephen y Mónica.
Stephen acude a recoger a Mónica a la salida del restaurante donde ella trabaja como cocinera. Y tienen una interesante conversación.



                           Durante un instante, Mónica pensó en sincerarse con Stephen.
                           No entendía el porqué Stephen se preocupaba tanto por ella.
                           Se interesaba por ella.
                          Había ido a recogerla a la salida del trabajo. Mónica sintió cómo un nudo se formaba en su garganta. Stephen era demasiado bueno. No se lo merecía.
-Eres muy bueno-afirmó con un susurro-Demasiado bueno para alguien como yo...Me tienes un tanto idealizada. No sabes nada de mí. No sabes nada de mí. Y me tienes en un pedastal. Yo soy de carne y hueso.
-No te veo capaz de hacer algo malo-le aseguró Stephen-Me resisto a pensar que puedas matar, robar o engañar.
                     Mónica suspiró.
                       Stephen estaba dispuesto a hacer cualquier cosa por ella. Mónica se acordó de Robert.
                     Habían pasado siglos desde la última vez que lo vio. Cuando estuvo entre sus brazos. Pero seguía estando muy presente en su vida. Y eso le desagradaba.
                      Se acordó también de Scott. No podía pasarse la vida huyendo de los hombres. Los usaba a su antojo. Pero huía de ellos en cuanto empezaba a sentir algo. Algo parecido al amor...No podía vivir con miedo. Y sentía miedo. No quería volver a sufrir.
-¿Y si todo fuera mentira?-le increpó Mónica-¿Lo has pensado bien? ¿Y si he hecho algo malo? Una cosa abominable...¿Y si no soy la persona que crees que soy? ¿Y si estás enamorado de un espejismo? No sabes nada de mí, Stephen. Si descubrieras la verdad, me odiarías.
-Sé que eres una mujer fuerte e inteligente-contestó el hombre-Sé que has sufrido mucho en esta vida. Y sé que te mereces la felicidad más que ninguna otra persona. Es por eso por lo que te amo.
-Yo también te amo.
                      La afirmación salió con total naturalidad de su garganta.
                      Mónica se quedó sorprendida. No se lo esperaba. Confesarle a Stephen su amor.
                      Era cierto. Estaba enamorada de él.

jueves, 5 de junio de 2014

FRAGMENTO DE "LA MUJER SIN CORAZÓN"

Hola a todos.
Hoy, subo el último fragmento inédito de mi novela La mujer sin corazón. 
De momento, vamos a ver el fragmento que corresponde a cuando Mónica toma la decisión de abandonar Leeds huyendo del amor.



-¿Cómo que vas a abandonar Leeds?-se escandalizó Henriette.
                   Mónica la había llamado antes del amanecer. La llamada de su hija la inquietó. Mónica no llamaba a primera hora de la llamada. Pero, en aquel momento, la joven necesitaba hablar con alguien. Descolgó el teléfono y llamó a su madre.
-Me marcho-contestó Mónica-No sé adónde iré a parar.
-¡Pero no puedes estar mudándote una y otra vez!-le regañó Henriette-¡Vuelve a casa, Mónica! Aquí no te faltará nada. Te prometo que tu padre y yo no te echaremos nada en cara. Pero vuelve a casa.
-No puedo volver a casa, madre. No me hagas preguntas. ¡Te lo ruego!
-¿Qué ha pasado, hija? No entiendo nada. ¿Cuánto tiempo has estado viviendo en Leeds? Poco tiempo... Menos de dos años...
                     Mónica guardó silencio. Se dejó caer en el sofá.
                     No había podido conciliar el sueño durante toda la noche.
                    Le temblaba el teléfono. Estoy haciendo lo correcto, pensó Mónica. Me marcho para no tener que volver a sufrir.
                      Todos los hombres le recordaban a Robert. El mismo hombre que la engañó. Que le hizo aquella herida que volvía a sangrar en su corazón. Se maldecía así misma por estar enamorándose de nuevo.
                     Ojos que no ven, corazón que no siente, pensó Mónica.
-Te has quedado callada-se inquietó Henriette.
-Madre, tengo que colgar-le anunció Mónica.
                      Y eso hizo. No pensaba regresar a su casa. No podía.
                      Se puso de pie. Necesitaba estar distraída con otra cosa. No podía abandonar Leeds así como así. Tendría que ir primero a la floristería. Comunicarle a la dueña que se marchaba de la ciudad. Pero le harían muchas preguntas.
                    Y la culpa de todo la tenía Scott.
                    Lo recordó todo con total claridad.
                    Acudió al piso de Scott.
                    Él la invitó a tomar un café.
-Está bien-decidió Mónica-Acepto.
                   Tomaron asiento en el sofá de la salita de estar de Scott. Pasaron un buen rato hablando. Cuando estaba con Scott, Mónica se sentía cómoda. La relación que ambos mantenían era informal.
-Tengo que irme temprano-le informó Mónica-Mañana, me espera un día de mucho trabajo en la floristería.
                   Scott la escuchaba con embeleso.
                  No le cabía la menor duda. Estaba enamorado de aquella mujer. Estaba convencido de que Mónica era la mujer de su vida. La mujer que llevaba toda la vida esperando a que llegara.
-¿Has pensado alguna vez en casarte?-le preguntó.
                   Mónica se echó a reír.
-El matrimonio no está hecho para mí-respondió.
                  No quería casarse. Sabía bien cómo pensaban los hombres.
                  Ellos podían estar con cientos de mujeres.
                 Los hombres podían acostarse con miles de mujeres. Pero sólo se casaban con una mujer. Y exigían a la mujer con la que se casaban que fuera virgen.
-Los hombres piden demasiado-afirmó Mónica-Y yo no estoy dispuesta a dar tanto.
-No todos los hombres son iguales-le aseguró Scott-Hay hombres que dan sin pedir nada a cambio.
                  Mónica se encogió de hombros. Los hombres se habían convertido en una especie de pasatiempo para ella. Era una lección que le había enseñado Robert. De algún modo, se vengaba de Robert a través de los hombres con los que estaba.
-Yo nunca te pediría nada a cambio-añadió Scott-Te daría hasta la Luna.
                  Mónica volvió a echarse a reír. Pensó que Scott estaba hecho un romántico. Pero ella no era para nada romántica. El romanticismo ya no existía para ella.
                  Era otra amarga lección que le había enseñado Robert. Pero el hombre que estaba con ella no era Robert.
                  No dudó en irse a la cama con Scott.
                  Ella lo deseaba y él, a su vez, también la deseaba.
                  Los dos acabaron medio desnudos en la cama de Scott.
                  Se abrazaron.
                  Se besaron muchas veces. Mónica le devolvía a Scott todos los besos que éste le daba.
                 Él la acarició con las manos. La besó en el cuello. Llenó de besos sus hombros.
                  Finalmente, los dos cuerpos se unieron en un sólo cuerpo. Scott descargó intentando no descarga dentro de Mónica. Pero ella pudo ser satisfacida.
                  Permaneció acostada en la cama de Scott. Le oyó hablar.
                  En un primer momento, no entendió bien lo que le estaba diciendo. Pero agudizó el oído. El joven se estaba quedando dormido.
-Te amo, Mónica-le confesó.
                   Se puso rígida.
-Y quiero pasar el resto de mi vida a tu lado-añadió Scott.
                   Entonces, se quedó profundamente dormido.
-Lo siento-murmuró Mónica, nerviosa-Pero no puedo complacerte en ese aspecto.
                   La joven se puso de pie.
                  Le temblaba todo el cuerpo. Era obvio que sentía algo por Scott.
                   Aquel hombre se preocupaba por ella. La escuchaba cuando le hablaba. Y sabía besarla bien cuando la llevaba a la cama.
                   Le hacía reír. Le hacía regalos. Le hacía sentirse bien.
                  Mónica se vistió de forma apresurada. Abandonó el piso de Scott sin hacer ruido.
                  Llegó a su piso. Se dirigió a su cuarto. Se dejó caer en la cama. Entonces, tomó una decisión. Tenía que abandonar Leeds. No podía permanecer más tiempo en aquella ciudad.

miércoles, 4 de junio de 2014

FRAGMENTO DE "LA MUJER SIN CORAZÓN"

Hola a todos.
Hoy, os traigo un nuevo fragmento inédito de La mujer sin corazón. 
Mónica, la protagonista, pasará una temporada en Leeds, una ciudad inglesa, antes de irse a Londres. Siempre huyendo del amor y de sus sentimientos.
Pero no voy a adelantarme a los acontecimientos.
En esta ocasión, Mónica acaba de llegar a Leeds.


           Vivir sola y de manera independiente era poco más que una aventura para Mónica Emily Fielding-Winter. Ya había superado la edad para debutar en sociedad. Sin embargo, lo que prefería era vivir por su cuenta. Buscaría un trabajo. Sacaría su casa adelante. Ahorraría. No tendría que depender de nadie. 
              Eso era lo que ella buscaba. No volver a depender nunca más de nadie. Ser independiente. Ser ella misma. 
                La herida que tenía en el corazón ya no sangraba. Pero Mónica sabía que estaba allí. Aquella herida le iba a doler durante mucho tiempo. Intentaría ignorar aquel dolor. Y seguiría adelante con su vida. 
      Lo había estado pensando muy a fondo. Y había tomado la decisión. Hacía tiempo que había dejado atrás su vida en una gran mansión.
      Fue una decisión difícil. Pero no había vuelta atrás. Mónica no se arrepentía de haber dado aquel paso. Era lo mejor para ella.
-Todo esto es el comedor-le indicó el dueño de la inmobiliaria a la que Mónica había consultado para buscar casa- -Mónica no había pensado en dar cenas en su casa. Ni ahora ni nunca…por el momento-En eso sí estaba pensando Mónica. En hacer de su casa un sitio confortable.
      El sitio le había gustado desde la primera vez que lo vio, hacía apenas unos minutos. Su madre, estaría indignada con el lugar. Como también estaba indignada con la idea de que su hija de dieciocho años pensara en irse de casa. que había fallecido hacía pocos meses. Sin embargo, siguiendo con la voluntad de su padre y pese a que estaba destrozada por el dolor, Mónica decidió seguir adelante con su vida.
-Bueno, pues, sigamos viendo la casa-dijo el dueño de la inmobiliaria-
      Su madre se habría horrorizado al ver el brillo lujurioso que creyó ver en los ojos del dueño de la inmobiliaria. A Mónica, en cambio, le hizo gracia. No estaba acostumbrada al coqueteo, pero algún día tenía que ser, ¿no? ¿Por qué no hoy en una casa vacía que después en una aburrida fiesta?
      El sujeto se echó a reír. Mónica le había llamado la atención. Desde el primer momento, no hacía más que mirar a la muchacha con ojos de lobo hambriento. Mónica no le hizo caso y A veces, Aquel pensamiento hizo que pensara en su madre, que creía que su hija estaba cometiendo una locura. ¿A qué muchacha de dieciocho años se le ocurría irse a vivir sola a un piso?
      Mónica se acercó al cuadro y posó la mano sobre una pera y trató de imaginar al pintor…Pero no pudo: una gota le cayó encima de la nariz.
-¡Esta casa tiene goteras!-exclamó.
      Mónica se apartó del lugar donde estaba colgado el cuadro y el dueño de la inmobiliaria ensayó una sonrisa.
      Si tenía miedo de que fuese a renunciar a la casa, estaba muy equivocado.
      Desde hacía algún tiempo, Mónica había pensado seriamente en irse de casa y vivir sola en alguna parte. Estaba mal visto y lo sabía, pero no le importaba. Estaba harta de vivir supeditada al qué dirán. Era el momento de ser ella misma. De pensar en lo que ella quería. De ser egoísta. 
-¡Ah, eso!-El dueño de la inmobiliaria rió nervioso-No es nada. No se preocupe; se trata de una pequeña gotera que tiene fácil arreglo-Mónica no sabía si creerle o no-Lo que tiene que hacer es hablar con el Presidente de la Comunidad de Vecinos del bloque. Yo le conozco; es un hombre muy amable. Le expone su problema y estoy seguro de que no tardará en arreglarle la gotera muy gustoso-Mónica arqueó la ceja-Además, se trata de una gotera tan pequeña que estoy seguro de que ni se dará cuenta de ella. Y se acerca el verano, así que no tiene de qué preocuparse. No va a llover. Al menos, por ahora. No se inundará su casa.
      Mónica le miró un tanto incrédula.
-Hablo con el Presidente de la Comunidad y me arregla la gotera-pensó y estuvo a punto de decir una palabrota. En su lugar, sonrió con desdén-Este tipo piensa que todos los problemas tienen fácil solución. Si fuera así, no habría estallado una guerra que ha enfrentado a medio mundo el uno contra el otro; si la gente no puede solucionar los problemas importantes, tampoco podrá solucionar los más insignificantes.
      Dirigió una última mirada a la gotera. Tendría que convivir con ella, se dijo.
      Decidió no pensar en la gotera. Pasó por al lado del sofá y paseó la mirada por donde le alcanzaba la vista.
-¿Usted qué opina?-preguntó el dueño de la inmobiliaria-A mí me parece un lugar apropiado para vivir-Mónica también pensaba lo mismo. Pero no lo dijo. Aún-Además, tal y como le he dicho, está amueblado. Es uno de nuestros mejores pisos y, además, el más barato-Por la gotera, pensó Mónica-Tendrá que pagar unas cuatrocientas libras al mes hasta que termine de pagar el precio completo del piso. De momento, además de las cuatrocientas libras, tiene que pagar una cantidad por adelantado-Mónica estaba preparada para eso. Se había preparado a fondo cómo sería una entrevista con el dueño de una inmobiliaria. Sólo esperaba que éste no se diera cuenta de lo nerviosa que estaba.
-A mí también me lo parece-afirmó-Me lo quedo. ¿Quiere que le pague el adelanto ahora o…?-El dueño de la inmobiliaria le hizo callar.
-¡No, mujer!-se rió. No hacía más que mirar a Mónica con cierta lujuria-Mañana, a primera hora, puede pasarse por mi despacho y hablaremos del tema. ¡Qué suerte ha tenido, miss Fielding-Winter! Ha hecho usted una buena compra. Ha comprado usted un piso en un lugar dotado de una estupenda vista; desde aquí, con solo asomarse a la ventana, puede ver toda la ciudad. Y más allá-Mónica lo dudaba-Incluso, si estira un poco más el cuello, podrá ver nuestro querido lago Ness. Este barrio se encuentra muy alejado del centro. Hasta aquí no llega el humo de las fábricas. Ni el ruido que hacen esos malditos coches. En esta zona se respira paz y tranquilidad. Es estupendo-Mónica cogió las dos maletas que había traído consigo con ropa de la casa de su madre y las aferró con fuerza mientras el dueño de la inmobiliaria las miraba. Arqueó una ceja-¿Acaso está pensando en instalarse ya hoy?
-Esas son mis intenciones, señor-contestó Mónica.
-En ese caso, permítame decirle que es usted muy valiente-afirmó el dueño de la inmobiliaria. Mónica le miró con cierta desconfianza. Su madre le había dicho que los hombres creían que las mujeres que vivían solas eran prostitutas. Mónica era una muchacha decente. Sus ideas se habían vuelto más liberales con el paso del tiempo y el estallido de la guerra, pero seguía siendo decente. Y lo iba a demostrar-Yo me moriría de miedo si tuviese que pasar la noche aquí. Me imagino que será la primera vez que duerma fuera de casa. Es usted una muchacha joven y muy bonita. Está sola. Y este sitio está lejos de la comisaría más cercana. Debe de echar mucho de menos a su familia-Sonrió-Al menos, yo me asustaría mucho y echaría de menos a mi familia al verme solo por primera vez. Puede llamar a una amiga-Sus ojos brillaron con malicia-O a un chico especial-Rió con cierta malicia-Porque una muchacha como usted debe de tener algún chico especial en su vida.
      Mónica reunió todo el aplomo que necesitaba para evitar partirle la cara a aquel tipo.
-Nunca le he tenido miedo a nada ni a nadie, señor-afirmó. El hombre la miró incrédulo. Parecía más ingenua a primera vista-Así que me dispongo a pasar mi primera noche aquí yo sola. ¿Le parece mal?
      Mónica acompañó al dueño de la inmobiliaria a la puerta. Era su forma gentil de invitarle a que se fuera sin parecer grosera. Que se notara que la hija de un noble sabía ser dura cuando se lo proponía. El dueño de la inmobiliaria le entregó las llaves. Le recordó la cita que tenían al día siguiente a primera hora y se fue. Antes de irse, lanzó una lujuriosa mirada a Mónica.
      Ella cerró la puerta. Comenzó a andar por el piso, como si no acabara de creérselo. ¿Qué narices le estaba pasando al mundo?, se preguntó. Había oído hablar de casos de chicas que se iban a vivir solas a una edad en la que se suponía que tenían que pensar en bailes y en buscarse un marido. Había mujeres que no se casaban. Que valoraban demasiado su independencia como para casarse. Ahora, podían hacer cosas con las que antes ni soñaban. Podían ser algo más que madres, esposas y esclavas. Mónica tuvo la certeza de que podía conseguir lo que se proponía.
-Nadie mandará en mí-afirmó en voz alta. Tenía una casa…no la casa de su familia. Su propia casa-No me casaré. No viviré en la esclavitud-Una sonrisa apareció dibujada en su rostro-Tendré hijos si quiero. Pero no me voy a casar porque piense que esa es la única manera de tenerlos. Trabajaré, ganaré dinero…Haré lo que sea con tal de salir adelante y lo haré por mi propia cuenta.
      Creyó que su corazón iba a estallar dentro de su pecho. Se acercó a un interruptor de la luz. Encendió y apagó varias veces la lámpara de la salita. Fue a la cocina, abrió el grifo del agua caliente y salió agua. Le habían dicho que tenía agua caliente. Se sintió satisfecha. Todo iría como la seda. Pensó que no le vendría mal comprarse una lavadora. Después de todo, su ropa se mancharía y tendría que lavarla. Mónica recorrió de nuevo el piso y creyó que sus pies apenas tocaban el suelo, que estaba a punto de echar a volar…
      Abrió una caja que había traído y que se encontraba en un rincón del pasillo. Sacó de la caja platos y cubiertos envueltos cuidadosamente en papel. Algunos, se los había dado Henriette. Otros, los había comprado. Los colocó en la cocina. La mesa tenía un cajón para meter en él los cubiertos. Los platos los guardó en el armario. Abrió la maleta y sacó varios vestidos que procedió a colocar en el armario. Tendría que plancharlos al día siguiente porque estaban un poco arrugados.
      Se echó a reír con alegría.
- Ahora soy ama de casa. No tengo criadas a mi servicio. Tengo que hacer muchas cosas, pero las haré yo sola-Entonces, recordó-: Le prometí a mi madre que la llamaría en cuanto me diesen las llaves…¿podré llamarla?
      El teléfono se encontraba en una mesita situada junto al sofá de la salita; al descolgarlo, Mónica comprobó que tenía línea. Marcó el número de la casa de su madre y esperó la respuesta.
      Henriette no le cogió el teléfono. Nunca cogía el teléfono. Le dejaba ese menester a una de sus criadas. La que le cogió el teléfono a Mónica le dijo que no sabía si estaba Henriette en casa. Le pidió que esperase. La muchacha esperó un buen rato. Creía que su madre había salido. O estaba tan enfadada que no quería hablar con ella. Pero Henriette cogió el teléfono. Parecía estar emocionada por su llamada. Y Mónica se sintió contenta.
-¿Madre?-preguntó-¿Eres tú? ¡Hola, madre! Te llamo desde mi nueva casa. Pues desde hoy soy su nueva inquilina. Me ha costado trabajo quitarme de encima al dueño de la inmobiliaria de la que me hablaste-Mónica creyó escuchar la exclamación ahogada de Henriette al otro lado de la línea. ¿Qué habría pensado? No obstante, Mónica sabía controlar la situación. Lo había demostrado-Gracias por recomendármela porque es una de las mejores del país. Voy a pasar aquí la noche y mañana por la mañana pagaré un adelanto por ella-Mónica imaginó a su madre. Estaría callada. Quizás pensativa. Quizás triste. Nunca había pensado que su hija acabase viviendo sola. ¡Y sin estar casada! ¡La hija de un noble!-Me ha dado las llaves-rió-así que puedo considerarme desde hoy como la dueña del piso.
-Así que no piensas venir por aquí nunca más-se lamentó una aguda voz de mujer al otro lado del hilo telefónico. Primero su marido y, ahora, su hija la dejaban.
-No, madre-la corrigió Mónica-Te equivocas. Claro que iré a verte, madre. Siempre que pueda, iré a casa y estaré contigo. Y tú podrás venir a verme.


martes, 3 de junio de 2014

FRAGMENTO DE "LA MUJER SIN CORAZÓN"

Hola a todos.
Me encuentro deshojando la margarita sobre si seguir intentando autopublicar mis historias o tirar la toalla, no del todo, sino por algún tiempo.
Una de las ideas que tengo es que mi novela La mujer sin corazón vea la luz en alguna editorial de autopublicación. Ya ha estado en descarga gratuita.
De decidirme a autopublicarla, tardaría lo suyo en que viera la luz porque tengo otros proyectos en mente.
Cuenta la historia de amor entre Stephen y Mónica, ambientada en el Londres de 1930. Ella es una joven rebelde de buena familia, atormentada por un desengaño amoroso, que vive lejos de sus padres, trabaja como cocinera y utiliza a los hombres sólo para acostarse con ellos. Él es un apuesto libertino estadounidense al que la Gran Depresión le ha obligado a poner los pies en La Tierra, ponerse a trabajar y cambiar sus prioridades tras quedarse en la ruina. Stephen se enamora de Mónica y quiere que ella confíe en él. Aunque este amor es correspondido, deberá luchar contra los demonios internos de Mónica.
De momento, me gustaría alargarla un poquito porque pienso que está algo coja.
En este fragmento inédito, Mónica recibe la visita de su madre en su piso de Leeds.



-¿Qué te parece mi nuevo hogar, madre?-le preguntó Mónica a su madre cuando ésta fue a verla al día siguiente. Henriette llevaba diez minutos en el piso de su hija mirándolo de arriba abajo-¿A que es bonito? ¡Venga, no te quedes muda!
-No sé qué decir-balbuceó la mujer-Es pequeño.
-A mí me gusta. Lo he decorado a mi gusto. 
      Henriette se ruborizó. En la entrada, le había dado un fuerte abrazo a Mónica, como si hubiera estado en la guerra. Ahora, miraba el piso de su hija y se preguntaba si no habría cometido una estupidez al dejarla ir sin luchar.
-Es un piso demasiado pequeño para la hija de un noble como tú-afirmó. Mónica miró al techo- porque te has negado a que una de mis criadas se viniese a vivir aquí contigo. Pero…tú misma…has tomado una decisión y…
      Su hija se estaba encargando de convertir poco a poco aquel agujero en algo parecido a un hogar. Así llamaba Henriette al piso de Mónica: agujero. No tenía que estar ahí.
      En cambio, su hija estaba decidida a vivir sola en un piso que medía menos que el desván de su casa. ¿Podía ser feliz viviendo en aquel agujero? ¿Creía en serio que sería feliz? Henriette lo dudaba.
      Era como si menospreciara a toda su familia. Pero, con el mundo a punto de estallar en mil pedazos, ¿realmente importaba? La guerra estaba siendo cruel con todo el mundo y los nobles no eran ninguna excepción. Se estaban perdiendo las formas. Ya se habían perdido las buenas costumbres. Las chicas buscaban algo distinto. Mónica no quería ser una muñequita de salón. Quería ser autosuficiente.

      Su hija había pasado toda la mañana acabando de colocar las cosas en su sitio y había ido a la compra. Tendría que aprender a cocinar, aunque le costase. La ropa la iría planchando a medida que la fuera lavando. Los libros estaban colocados en la estantería. Mónica tenía la radio puesta de manera suave. Sonaba un estilo musical que la joven acababa de descubrir llamado jazz. Le gustaba. Era muy relajante. Un hombre tocaba el saxofón. Otro hombre tocaba el violonchelo. Otro hombre daba golpes suaves en la batería. Alguna trompeta sonaba…Le gustó la primera vez que puso la radio y lo escuchó. Era un poco más animado que el blues. Henriette arqueó la ceja al escuchar la música. ¿Desde cuándo Mónica escuchaba algo que no era música clásica? ¿Dónde iba a ir a parar el vals si todas las chicas decidían escuchar aquel estilo de música tan horrible? ¡Ni siquiera se oían los violines! El gesto agrio de Henriette hizo que Mónica se riese.

lunes, 26 de mayo de 2014

FRAGMENTO DE "SENTIDO Y SENSIBILIDAD"

Hola a todos.
A estas alturas, es imposible no conocer el argumento de una de las mejores novelas de la gran Jane Austen, Sentido y sensibilidad. 
Todos nos hemos sentidos atrapados por las historias de las hermanas Dashwood, las dos mayores, Elinor y Marianne. Tan diferentes como el día de la noche...Elinor, sensata y reflexiva. Marianne, pura pasión e impulsividad. Sin embargo, dos hermanas que sufren por amor. Dos hermanas que están unidas por los lazos del cariño y de la familia.
Hemos imaginado sus vidas después de casarse Elinor con Edward y Marianne con el coronel Brandon. Hemos deseado saber lo que le depara el futuro a Margaret, la hermana menor.
Siempre existirá una gran atracción hacia esta gran novela que describe de manera irónica la vida de la burguesía rural y de lo que le deparaba el Destino a una joven en edad casadera.
En esta escena, vemos lo que la señora Dashwood, madre de las chicas, piensa tras conocer a uno de los seres más detestables jamás creados en una novela romántica, Willoughby. Lo que es hijo de p...hace en la novela clama al Cielo.

Si hubiera sido viejo, feo y vulgar, igualmente habría contado con la gratitud y amabilidad de la señora Dashwood por cualquier acto de atención hacia su hija; pero la influencia de la juventud, la belleza y elegancia prestó un nuevo interés a su acción, que la conmovió aún más. 



Portada de una edición inglesa de Sentido y sensibilidad. 

martes, 6 de mayo de 2014

ONE NIGHT IN BANGKOK

Hola a todos.
Hoy, vamos a seguir recordando algunas de las mejores canciones de la década de 1980.
Esta canción data del año 1984 y la interpreta el cantante y actor Murray Head.
Pertenece al musical Chess (Ajedrez) que escribieron los dos componentes masculinos del grupo Abba, Benny Andersson y Björn Ulvaeus. Se habla de las maravillas que se pueden encontrar en la capital tailandesa, así como los vicios que puede haber allí. El musical cuenta la historia del enfrentamiento, tanto a nivel profesional como personal, entre dos ajedrecistas, un estadounidense y un soviético. Sufrió algunas variaciones el final del mismo dependiendo de los lugares donde se estrenó.
Os dejo con el videoclip de la canción.
Espero que os guste.


lunes, 5 de mayo de 2014

BIG IN JAPAN

Hola a todos.
Tenía ganas de hacer esta entrada homenajeando a una de mis canciones favoritas, Big in Japan, del grupo alemán Alphaville. 
Dicha canción pertenece a su álbum de debut, lanzado en 1984 (año en que nació una servidora), Forever young. 
La canción cuenta la historia de una prostituta y su cliente. Una historia de amor algo retorcida, pero, de algún modo, cantada de un modo bello y evocador.
Os dejo con la canción.
El vídeo no pertenece al videoclip original. Aún así, espero que lo disfrutéis.